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“Heladas y junios” Donald Hall

Ella colocaba los ladrillos
en uve debajo de

el furor de la floración del jardín.
Tras su muerte, después de

las heladas de muchos inviernos,
sus ladrillos se levantan y se hunden

ondulantes al lado del pozo,
en verano suavizados por el musgo,

y en pleno junio veo
pretéritas, resucitadas amapolas

se alzan, ondean, se alzan, ondean, se alzan…

“Heladas y junios” Donal Hall.

 

(Texto original)

She laid bricks arranged
in Vs underneath

the garden’s rage of blossom.
After her death, after

the freezes of many winters,
her bricks rise and dip

undulant by the wellhead,
in summer softened by moss,

and in deep June I see
preterite, revenant poppies

fix, waver, fix, waver, fix…

“Freezes and Junes” Donal Hall.

“Freezes and Junes” from THE BACK CHAMBER: Poems by Donald Hall. Copyright (c) 2011 by Donald Hall. Translated and reprinted by permission of Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company. All rights reserved.

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“Ruinas” Donald Hall

La nieve llega a mis ventanas. Dentro, al lado de la chimenea,
el sillón permanece caliente, y yo me quedo compuesto de frío.

Es impensable que no volvamos a tocarnos más.

Mientras los murciélagos del granero bajan en picado, la devastación dobla sus alas
sobre mi pecho para envolver mi corazón súbito e impetuoso.

Es una ruina que no volvamos a tocarnos más.

Diez millas en la lejanía, la nieve cae sobre tu casa de tablillas.
Tú juegas con tus hijos en los prados congelados por la nieve.

“Ruinas” Donal Hall.

 

Snow rises as high as my windows. Inside by the fire
my chair is warm, and I remain compounded of cold.

It is unthinkable that we will not touch each other again.

As the barn’s bats swoop, vastation folds its wings
over my chest to enclose my rapid, impetuous heart.

It is ruinous that we will not touch each other again.

Ten miles away, snow falls on your clapboard house.
You play with your children in frozen meadows of snow.

“Ruins” Donal Hall.

“Ruins” from THE BACK CHAMBER: Poems by Donald Hall. Copyright (c) 2011 by Donald Hall. Translated and reprinted by permission of Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company. All rights reserved.

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“Observadora cósmica” Andrea Villalba

Una observadora cósmica
arde posada en unos ojos lánguidos,
ojos que alumbran cuerpos en el exilio,
ojos que son efigies talladas.

Observa lo que subyace detrás
de esta prisión ilusoria
donde el tiempo es de hojalata
y la patria permanece en reposo.

Ahonda en el silencio de los transeúntes,
sé cómplice de su rigidez estable,
la metamorfosis suave
de aquellos que viven al alba.

Hay una estatua que finge amar
con sus labios de cera candente,
fantasma autómata
en este hostil deseo.

Onírica maga,
dama de blanco lácteo,
atraviesa el límite de las horas
y llega jadeante al reencuentro.

La lejanía camina con pies de ceniza
hacia la simetría insoluble,
respuesta extraviada
el mar abierto.

“Observadora cósmica” Andrea Villalba.

 

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Obra “Experimentación en exteriores” de Adrián del Campo

Experimentación en exteriores - Adrián del Campo

Crítica de arte
“Experimentación en exteriores”
de la serie Bodegones.
Adrián del Campo

No hay experimentación alguna en el exterior que se nos presenta. No hay objeto ni hay bodegón. No hay fotografía. Hay pintura e idea. Hay una góndola entre épocas.
Adrián del Campo concibe el tiempo a modo de superposición vertical y va desnudando épocas sobre épocas en este horizonte dudoso: una puerta al siglo XVII holandés queda abierta donde, -pese a la falta de frutas, flores o aires de mercado-, la minuciosidad y voluptuosidad de la vista recuerdan a la frondosidad de los bodegones de Jan Davidsz de Hem. En la quietud se reafirma la impresión primera de irrealidad. No hay bodegón si no hay moscas y pétalos cayendo o frutas desparramándose. Abruma percibir tantos siglos merodeando un jarrón, que sin embargo, permanece tan quieto, agarrado a la tierra como un alfiler que no envejece.
La saturación lumínica, la irrealidad y algún que otro no sé qué también concluyen en un regusto kitsch. Pero hay algo que deslumbra y que va más allá de lo kitsch: la insistencia por cuidar la luz, la limpieza técnica al manipular la naturaleza más allá del retoque, haciendo de la suya una obra hiperestética.
Y hay tradición -pintura de bodegones, composición convencional- y contemporaneidad -fotografía, algo de arte concepto…- Todo es un rizo de épocas, estilos y soportes. Pero pese a sus intentos por establecer guiños históricos, ante todo pervive una actitud que trasciende épocas: maniera. Hay manera, amaneramiento, Manierismo y maniera. Queda en lo técnico, y queda en el desdoblamiento y retorcimiento de significados, signos, símbolos, diálogos y lenguajes.
Es más, ¡en esta era de la imagen los jóvenes hacen pintura! La pintura que ha aspirado a la reconstrucción fotográfica durante siglos. Y aquí, el autor revierte el curso del arte: ha fotografiado una pintura. Pero aquí no hay cosas. Aquí se nos presenta una experimentación pictórica de las imágenes que proyectan las cosas.
Tras estas afirmaciones podemos comenzar a ahondar en la problemática conceptual que ha entretejido el artista. Ha modificado el status de la imagen: no es un bodegón, es una representación estética de un concepto, o un concepto embellecido. ¡Qué le importa el jarrón o las flores que pueda contener! Lo suyo es el mundo de la idea. Ofreciéndonos esta realidad alternativa y de ensueño, tan sólo quiere presentar una burla al mal gusto que sobrevive en la actualidad. Ese gusto relamido y envejecido (kitsch) que sin embargo presenta su fotografía. ¿Y acaso ella se salva?
Tras destripar el disfraz fotográfico y percibir la idea subyacente de la obra, se nos vienen a la memoria los ready mades de Duchamp. Aquí se inaugura un nuevo ready made visual. Al artista no le interesan los objetos ni la manufactura de los mismos, sino el concepto que el objeto cotidiano arrastra tras de sí. Negando los gustos del pasado y el kitsch ya citado, también termina por negar el objeto que de forma intrínseca arrastra significados históricos. Lo desprovee de toda utilidad y uso al fotografiarlo, lo convierte en contenedor de ideas. Y va más allá: ya no interactuamos con el objeto duchampiano sino con una imagen digital del mismo.
Este fotógrafo -casi dadá sin saberlo-, se ríe del pasado usando los marcos del pasado. No obstante, a mí me parece que el bodegón también asoma una sonrisa. Se dice, ¿¡aquí quedan mis límites!? El artista temerario, jugando con el pasado, parece terminar adoptando su lenguaje. ¿Cabe la innovación en todo este juego de insultos que es la obra? Se nos presenta una fotografía del siglo XXI que da respuesta a lo ya existente. Seguimos empeñados en ofrecer respuestas-concepto en contra de aquellas manifestaciones artísticas y modas antiguas.
Pero qué digo, también hay avance y desbordante imaginación. No es habitual toparse con la fotografía de una pintura, de un escenario [¿de una performance?]; con un lienzo brotando en el campo que dice: dejo ver más de lo que cualquier hombre puede mirar. Y entonces el ojo se entorna, inquieto, sabiendo que queda algo entre las ruinas del bodegón y el paisaje…

David Roldán Eugenio.

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“Nocturno de E. Grieg” Iván Onia

Por dentro de la noche la gata es el caballo árabe de un ratón insomne, un tranvía de sombra para dos cucarachas hacia lo séptico.

Por dentro de la noche oscila el chirimbolo de la luna inventando otra vez el ruido:
estalla el vidrio de la cerveza y la juventud regresa 35 veces.
Un coche rojo me recuerda a mi primer coche
rojo.

Sissel canta la canción de Solveig en los Campos de Marte por dentro de este túnel que desemboca en las naranjas tristes del día.

No hay mucho más.

Los hijos rezan desde su limbo de semen a la vida arrebatada en un pañuelo.
La mujer es un infinitivo que sueña detrás de la pared cosas normales y ciertas.
Yo, aquí, estoy sucediendo.

Después el silencio y un poco más allá el silencio
con sus ojos grandes de cierva si pronuncias el menaje.

Escribir era esto.
Observar la peonza en su traslación doméstica,
el hombro moreno de la muchacha girando desde verano del 96
y tener que decirlos para no morir de asfixia.

Escribirse, mirarse escribirse.
(Me escribo, me miro escribirme)
así,
así.
Soy tantísimo el poema y adelgazo tanto estas noches que cualquier día desapareceré.
Ni cuerpo ni ceniza, sólo archivo y metáfora.
La historia del hombre que para deslumbrar tuvo que convertirse en el árbol que escribía.

Preparad,
pues,
la voz alta, el hilo de la memoria, el cariño que me tuvisteis mientras fui.
Para encontrarme ese día tendréis que leer en la corteza
vuestros antiguos nombres.

Nocturno de E. Grieg” Iván Onia.

 

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“Esta primavera que perece” M. Carmen Márquez

Te llaman luz, amor. Hoy te llamo derrota.
JAVIER EGEA

Inevitablemente tuvimos que ser jóvenes,
mostrar una sonrisa honesta –a veces-,
desconocer aquello
que no correspondía a nuestra edad.

-La vida entonces era el juego.

Pero nos sorprendió el amanecer
tumbados a este lado de la mar
como los que reciben al verano
en los umbrales de las casas viejas.
Heredamos la luz a punto de estallar
en este marzo incansable
de madrugadas ebrias
y balcones floridos.
En cada imagen nueva
hay una voz antigua
que susurra los nombres
velados de las cosas.

Presiento
que la vida es el rojo carmesí
de la tarde, esta primavera intensa
que se rinde y perece
cuando tú miras hacia la otra orilla.

“Esta primavera que perece” M. Carmen Márquez.

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“Bajo el cielo negro” Ángela Franco

Otro sueño ha venido a cabalgarme
vestido de azul
esta noche.
De ese azul eléctrico
que difícilmente podría lamerse
ni gozarse.
En ese sueño,
nuestras caderas se hundían
en un océano
galáctico,
llenas de escamas prendidas
de llamas verdes,
y tú me mirabas
a los ojos y te preguntabas asustada
adónde había ido el color de sus iris.
En ese sueño,
por nuestros pechos rodaban
cerezas negras
del mar a nuestras bocas,
y su sabor ingrávido era el de la sangre
marchita y oxidada.
Pero, poco a poco, consigo deleitarme con algo…
aquí, ribeteada nuestra luz por el vaivén
del aguamarina,
multiplicados nuestros perfiles en sus espumas,
¡calladas nuestras voces por su silencio!
Tu cintura y la mía, mientras los cantos rodados
blancos y grises suben por entre las escamas
y las cerezas,
se tiñen de una fragilidad inquebrantable,
de una belleza odiosa,
y empiezan a llenárseme los iris vacíos
de ese disfrute policromático que no comprendo.
Será este océano estrellado que nos baña:
vientre que nos gesta como a dioses.

“Bajo el cielo negro” Ángela Franco.

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“Hablaríamos de cosas sin importancia” Alejandra Alvarez

Sentada con la puerta detrás de mí,
dejo que la brisa te reemplace.

Pero tú entrarás flotando sobre tus pies
cortados por la arena del fondo marino,
meciendo la luna envuelta en una gasa.

¡Toma!; caerá como un plomo en mis oídos.
Esto es lo que intenta borrar el sol.
Hoy, ha perdurado.
Yo misma lo he arrancado de las nubes.

Tenía el derecho de hacerlo.

El vaso deja un río en la mesa.
Me estremezco ante el esfuerzo
de ser pared, de sentir
el yeso desprendiéndoseme por el calor,
rezando para que la luna florezca
deformada en tus manos.

Las velas arden hasta muy entrada la noche,
Y lloran montañas sobre la mesa.

Soy cañón,
estoico en mi asiento, cada cardenal
en mi columna vertebral, un parterre de tierra
para las hierbas y el cúmulo de hormigas rojas.
Venenoso, escupo vertidos invernales.
Nunca me doy la vuelta.

Tu voz, ahogada por
los pájaros entre mis dedos,
cuyo aleteo y canto
repintan la luna,
debilitando la piedra.
Tu sombra de vinagre, contenida
en el portal que se va oscureciendo—

tus vaivenes arrastran tus palabras.

“Hablaríamos de cosas sin importancia” Alejandra Alvarez.

 

(Texto origina)

I sit with my back to the door,
let the breeze stand in for you.

But you’ll float in on feet
cut by seafloor sand,
cradling the moon clothed in gauze.

Here! will fall on my ears,
is what the sun tries to erase.
Today, it endured.
Plucked it from the clouds myself.

I had a right to.

The glass sweats a river into the table.
I quake with the effort of
being wall, of feeling
heat peel plaster off me,
praying for the moon to bloom
ugly in your hands.

Candles burn into the night, they
weep mountains onto the tabletop.

I am canyon,
stoic in my seat, each bruise
down my spine, a soil bed for
weeds and red-ant piles.
Venomous, I seethe winter runoff.
Never once do I turn around.

Your voice, drowned out by
birds between my fingers,
their wing flap and song
recolor the moon,
debilitate the rock.
Your vinegar shade, contained
in the darkening doorway—

departures have slurred you.

“We’d Make Small Talk” Alejandra Alvarez.

*Publicado en Marginalia: The Cornell Undergraduate Poetry Review.

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“Zéjel es, principalmente, un acto de amor” Juan Carlos Polo Zambruno

Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor. Nace arropado en el cariño de cuatro amigos que han aprendido a amar las mismas cosas y, entendiéndolas como una herramienta imprescindible, se han empeñado en no abandonarlas.

Amor a la letra fecunda y fecundada, a los muertos persistentes en el tiempo, al pensamiento que derrama semillas y germina, al hambre y al pan que no está hecho de harina ni quiere harina pero sacia, a la imagen que inunda, a la música que ciega y al espectáculo que paraliza. Amor a lo bello que produce el hombre, como da el árbol sus frutos.

En el mundo que hoy habitamos donde millares de personas encuentran su nicho salado en el mar o se consumen en un destierro que nunca se recompone entre fronteras, con una Europa cada día más pequeña, la guerra en el cuadrado iluminado de nuestras casas siempre presente, la amenaza constante como sustrato donde plantar cada nuevo día y un infinito de manos que no pueden trabajar una dignidad con la que vestirse. Este mundo que hoy vivimos, nos impone con demasiada rigurosidad ser conscientes de las peores producciones de los hombres y es por eso que se hace aún más pertinente que nunca la creación de una revista como esta.

Zéjel pretende recolectar dentro de su humilde forma parte de las muchas cosas bellas que hacen hombres y mujeres a lo largo del mundo y no encuentran, desgraciadamente, todos los canales y afluentes que se le deben para que pueblen nuestra vida y la compongan con la misma presencia con que lo hace lo atroz.

Grano o montoncito de arena, Zéjel nace con este propósito y cada ejemplar no será más que un menudo acto de amor y de generosidad. Convencidos de que Borges no se equivocaba cuando en su última aparición en público, como cuenta el mismo Fernando Arrabal e incluye en su película dedicada al escritor, concluyó diciendo “conviene vivir generosamente, generosamente, generosamente…”.

Es con esa sana generosidad con la que los creadores nos ceden sus obras y se prestan a la composición de un número como el que hoy se presenta en las páginas sucesivas. Manos y huesos y tendones de muy distintos lugares y tiempos han compuesto estos frutos que hoy aquí recogemos y os presentamos como un plato necesario convencido de su valor.

Juan Carlos Polo Zambruno.