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“Habitaciones” Julia Pumarinho

 

Las habitaciones de este hospital tienen dos camas ocupadas por dos seres./ La mayor parte del tiempo están acompañados por la luz de las bombillas de bajo consumo, por los carteles de NO FUMAR, de NO OCUPEN LOS PASILLOS, por la televisión en mute y por la cara de una virgen bajo la almohada. / Las habitaciones son salas donde manos con guantes tocan pieles desintegradas./ Las habitaciones ven morir a seis coma cuatro personas a la semana, ven llorar a catorce coma dos mujeres al día, oyen las quejas de la comida, oyen las quejas del dolor de las úlceras, huelen el olor putrefacto de las úlceras./ La habitaciones tienen paredes con colores claros, para reflejar el brillo apagado de las pupilas en dilatación./ Las habitaciones de este hospital escuchan siete come tres premoniciones cada día. Ocho coma tres oraciones al minuto y seis coma siete pensamientos de suicidio.
Las habitaciones de este hospital se vacían poco a poco./ Los médicos se marchan./ Los enfermeros se marchan./ Los celadores se marchan./ No hay palabra que pueda describir el silencio de la muerte./ Dios observa/ atento/ las expresiones de dolor/ las muecas /los rictus/ atiende a los profundos deseos  de los seres que duermen/ comen/ son curados y mueren en las camas sujetas a las paredes de estas salas.

“Habitaciones” Julia Pumarinho.

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“Platero” Antonio Sancho

 

Platero es un terpenoide semisólido, cristalino y ceroso, de penetrante olor.

Cuando lo llamo, acude impulsado por sus retromotores a chorro de gas propaxol excavado en los géiseres de Venus,

y quema los prados en su vuelo rasante, aniquilando las florecillas rosas, celestes y gualdas.

Sus ojos fluorescentes alumbran la noche como dos malsanas estrellas verdes, reconociendo los montes en busca de rebeldes mutantes que exterminar con sus cañones de plasma, sus balas guiadas por rastro de calor e inteligencia crítica.

Programado para perseguir cualquier indicio de humanismo, cualquier tropelía mística, lo dejo suelto y parte a incinerar libros de poesía, soñadores y heréticos veganos.

Fabricado en serie en los muelles orbitales de Daesong Industries & Weaponry, Platero es la perfecta máquina de odio-muerte, es la ausencia de vida, es la aleación pura y el puro fuego de altos hornos y ruedas de oruga quebrantahuesos.

Sumergido con su trotecillo alegre en la masacre, las placas de su fuselaje cubiertas de carne ojos y sesos desmenuzados, entre el zumbido de las sierras semi-automáticas y los cañones de púas, parece que se rie en no se qué cascabeleo ideal…

Todos, arrodillaos ante el poder terrible de Platero, suplicad por vuestras vidas miserables, no levantéis la mirada del suelo sepultado bajo los huesos de vuestros seres queridos.

Llorad, pues Platero desea vuestras lágrimas, desea vuestra sangre y vuestros primogénitos no-natos.

Rogad a vuestros dioses caídos, desterrados al polvo por la producción superior de Daesong Industries & Weaponry. Y larga no vida, y larga no vida a nuestros amos de Daesong Industries & Weaponry.

-Fin del comunicado. Sumisión inmediata, exigimos sumisión inmediata-.

“Platero” Antonio Sancho.

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“Guardador de rebaños” Enrique García Bolaños

 

Ojalá mi vida fuera una carreta de bueyes […].
Yo no tendría que tener esperanza: sólo tendría que tener ruedas…
ALBERTO CAERIO

Sentado a la puerta de la casa, espero
el paso del repartidor de cartas sin más interés
que el de verle pasar y saludarle
y darle los buenos días y saber que todo sigue
en orden en esta mañana de otoño.
El sol brilla –porque abro los ojos y lo veo brillar–
y entiendo que todo sigue, de momento, su curso.

A veces las horas pasan despacio como un rebaño
de ovejas hambrientas y calladas. A veces,
como hoy, como esta mañana, no pasa nadie
y son las sombras las que marcan la vida,
las que ponen el límite entre lo que es real
y lo que va pasando por encima de mi cabeza.

Lo que el sol dice que soy contra la pared encalada,
lo que yo os digo que soy contra la página de luto,
lo que otros os dicen que soy contra todo pronóstico,
nada de eso es cierto pero es verdad
que todos –también yo– tenemos que construir
bulos, personajes, sombras y caretas.
La soledad a sangre fría no se cura con sombreros.

“Guardador de rebaños” Enrique García Bolaños.

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“El viaje más largo” Gema Palacios

 

Un hombre desciende la colina en el borde de un paraguas
Deseo que haya luz suficiente para intuir el humo de otro idioma
Pero es blanco el perfume del niño que amé
Retengo la primera gota en la punta de la lengua como una forma de decirme adiós
Todos los árboles esperan un roce de pájaro una caricia oxidada
Todas las cruces serán verdes y nos dolerán en los ojos cuando ignoremos a quién
llevamos dentro
Y no es el tiempo que pasa, somos nosotros quienes vamos haciéndonos niebla
Eras el sueño hecho cuerpo en el quicio de una puerta oyéndome llorar
El amor no nos escoge con el dedo índice, sino con todos y cada uno de los dedos
Me senté a mirar por la ventana cómo avanzaba hacia mí el viaje más largo
He jugado y he vivido: tumor de la inmovilidad.

“El viaje más largo” Gema Palacios.

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“Eran las pequeñas cosas” Rafael Maya

 

Eran las pequeñas cosas. Como el ajetreo silencioso y adormecido de entrada y salida a los baños, la cisterna a través de las paredes, los indeseables susurros de cortesía introductorios al intercambio. La sombra de las sábanas fugazmente proyectada sobre el pasillo en rápidos y negros espasmos; la abuela preparando la cama, perfecta. Y realmente eran las pequeñas cosas. Como el rostro de aquella niña pecosa del restaurante que abría mundos enteros con accidentales y malinterpretadas miradas, para luego desmoronarlos sobre el final de la velada y atarlos a los primeros sueños de la noche, prematuros a la incidencia del verdadero y necesario despilfarro. Luego la pequeña oscuridad, algunas conversaciones censuradas por puertas mal cerradas y paredes famélicas e inconsistentes, las últimas risas apropiadamente contenidas con mayor o menor éxito e igualmente tranquilizadoras. Finalmente la gran oscuridad, sin fronteras, sinfín de posibilidades. Siempre. Siempre eran las pequeñas cosas. La sobrecogedora fuerza del regreso, sin saber cuánto tiempo hemos estado ausentes, incapaces de adivinar remedio para lo que no ocurrió. Y así, el recuerdo y los proyectos vuelven a nosotros, apoyándose mutuamente para alcanzar la voluntad que bautice nuestro cuerpo con el aire del nuevo día.

Rafael Maya.

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“Ars poética” Rosa Berbel

 

Todo poema recuerda alguna imagen.

Una canción que parte en dos la tarde
mientras duermes la siesta en el sofá.
Cualquier frase ingeniosa que despierte
una necesidad inesperada,
un estremecimiento adolescente.
Una postal mandada desde Roma
con las comas mal puestas.
La foto de tu exnovio en el salón.

Imágenes vulgares,
no necesariamente interesantes,
exentas de poesía,
sin demasiada fuerza narrativa.
Pero basta de nuevo con un fugaz
instante, una mirada rápida,
la inercia de la vida llevando tu cabeza
hacia el lugar exacto,
en el momento exacto,
y de repente el tiempo se detiene.
Y solo existe eso, esa imagen cualquiera,
esa escena trivial, ese fluir tan obvio
del recuerdo,
y de repente sabes
que no,
que el poema no puede
empezar
de otra forma.

“Ars poética” Rosa Berbel.

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“Luces” Valentín Navarro Viguera

 

Supongo que la tarde es una caja
de sorpresas, de nubes encendidas
al rojo vivo, a punto de estallar
en la noche de lomo gris y oscura.
El musgo de los ídolos no piensa
que es pátina en la piedra a la que adoran
otros que se ahogarán bajo el agua estancada
que ya no corre al mar porque es el mar,
la placenta que el tiempo va formando
en torno a la cintura como lluvia
del que reza a los pies de las estatuas
en el nombre del padre o de los santos.
La luz de la mañana saja el vértice
de la montaña como un haz de plata.

“Luces” Valentín Navarro Viguera.

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“Despertar es conjurar el mundo sobre el sueño” Fabián Trigos Baena

 

Despertar es conjugar el mundo sobre el sueño,
tornar la carne enredadera,
hacer de las venas un cauce de flores,
todo para exprimir su savia en poema.

Y es de ese susurro de lo que todo surge.

Si mi sangre es veneno
………………………….mi rumor se origina
en la piedra caída de un estanque olvidado; respuesta de onda sobre onda.

Fabián Trigos Baena.

Portada 1
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“Observadora cósmica” Andrea Villalba

Una observadora cósmica
arde posada en unos ojos lánguidos,
ojos que alumbran cuerpos en el exilio,
ojos que son efigies talladas.

Observa lo que subyace detrás
de esta prisión ilusoria
donde el tiempo es de hojalata
y la patria permanece en reposo.

Ahonda en el silencio de los transeúntes,
sé cómplice de su rigidez estable,
la metamorfosis suave
de aquellos que viven al alba.

Hay una estatua que finge amar
con sus labios de cera candente,
fantasma autómata
en este hostil deseo.

Onírica maga,
dama de blanco lácteo,
atraviesa el límite de las horas
y llega jadeante al reencuentro.

La lejanía camina con pies de ceniza
hacia la simetría insoluble,
respuesta extraviada
el mar abierto.

“Observadora cósmica” Andrea Villalba.

 

Portada 1
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“Nocturno de E. Grieg” Iván Onia

Por dentro de la noche la gata es el caballo árabe de un ratón insomne, un tranvía de sombra para dos cucarachas hacia lo séptico.

Por dentro de la noche oscila el chirimbolo de la luna inventando otra vez el ruido:
estalla el vidrio de la cerveza y la juventud regresa 35 veces.
Un coche rojo me recuerda a mi primer coche
rojo.

Sissel canta la canción de Solveig en los Campos de Marte por dentro de este túnel que desemboca en las naranjas tristes del día.

No hay mucho más.

Los hijos rezan desde su limbo de semen a la vida arrebatada en un pañuelo.
La mujer es un infinitivo que sueña detrás de la pared cosas normales y ciertas.
Yo, aquí, estoy sucediendo.

Después el silencio y un poco más allá el silencio
con sus ojos grandes de cierva si pronuncias el menaje.

Escribir era esto.
Observar la peonza en su traslación doméstica,
el hombro moreno de la muchacha girando desde verano del 96
y tener que decirlos para no morir de asfixia.

Escribirse, mirarse escribirse.
(Me escribo, me miro escribirme)
así,
así.
Soy tantísimo el poema y adelgazo tanto estas noches que cualquier día desapareceré.
Ni cuerpo ni ceniza, sólo archivo y metáfora.
La historia del hombre que para deslumbrar tuvo que convertirse en el árbol que escribía.

Preparad,
pues,
la voz alta, el hilo de la memoria, el cariño que me tuvisteis mientras fui.
Para encontrarme ese día tendréis que leer en la corteza
vuestros antiguos nombres.

Nocturno de E. Grieg” Iván Onia.