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“Esta primavera que perece” M. Carmen Márquez

Te llaman luz, amor. Hoy te llamo derrota.
JAVIER EGEA

Inevitablemente tuvimos que ser jóvenes,
mostrar una sonrisa honesta –a veces-,
desconocer aquello
que no correspondía a nuestra edad.

-La vida entonces era el juego.

Pero nos sorprendió el amanecer
tumbados a este lado de la mar
como los que reciben al verano
en los umbrales de las casas viejas.
Heredamos la luz a punto de estallar
en este marzo incansable
de madrugadas ebrias
y balcones floridos.
En cada imagen nueva
hay una voz antigua
que susurra los nombres
velados de las cosas.

Presiento
que la vida es el rojo carmesí
de la tarde, esta primavera intensa
que se rinde y perece
cuando tú miras hacia la otra orilla.

“Esta primavera que perece” M. Carmen Márquez.

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“Bajo el cielo negro” Ángela Franco

Otro sueño ha venido a cabalgarme
vestido de azul
esta noche.
De ese azul eléctrico
que difícilmente podría lamerse
ni gozarse.
En ese sueño,
nuestras caderas se hundían
en un océano
galáctico,
llenas de escamas prendidas
de llamas verdes,
y tú me mirabas
a los ojos y te preguntabas asustada
adónde había ido el color de sus iris.
En ese sueño,
por nuestros pechos rodaban
cerezas negras
del mar a nuestras bocas,
y su sabor ingrávido era el de la sangre
marchita y oxidada.
Pero, poco a poco, consigo deleitarme con algo…
aquí, ribeteada nuestra luz por el vaivén
del aguamarina,
multiplicados nuestros perfiles en sus espumas,
¡calladas nuestras voces por su silencio!
Tu cintura y la mía, mientras los cantos rodados
blancos y grises suben por entre las escamas
y las cerezas,
se tiñen de una fragilidad inquebrantable,
de una belleza odiosa,
y empiezan a llenárseme los iris vacíos
de ese disfrute policromático que no comprendo.
Será este océano estrellado que nos baña:
vientre que nos gesta como a dioses.

“Bajo el cielo negro” Ángela Franco.

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“Siempre, el imposible diferente” Isabel Eugenio

Siempre, el imposible diferente;
el no saber cuándo ni cómo,
y lo que es más duro, el porqué.

Siempre errando sin culpa alguna
en lágrimas secas,
disimulados surcos arañando la rutina.

Siempre algo más;
ese detalle inacabado, inoportuno.
Siempre ese no es bastante,
cuánto falta, si no llega.

Y muerde el alma otro mordisco.
Muerde el cuerpo otra derrota.
Muerde, araña y grita en el vacío.

Porque nadie escucha,
es invisible tu dolor sentido,
es imposible continuar la lucha.

“Siempre, el imposible diferente” Isabel Eugenio.

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“Encuentros de la tercera fase” Lorenzo Roal

La luna llena, el frío y una sombra
que se desliza entre la luz naranja
de las farolas—la ciudad y un hombre—
El golpeteo rítmico del bolso
en su costado. Avanza hacia el lugar
en que había quedado. No esperaba
una Resolución tan diferente.

—Eres más guapo que en la foto—dijo.
—Tú tampoco estás mal—primer error—,
tus ojos son más verdes, en directo
se ven mucho mejor—
un buen arreglo.

—Tienes prisa? Nos vamos?
—La verdad es que no, me gustaría
tomar algo contigo antes que nada.

Y entonces discutieron
durante un par de horas sobre el mundo,
la Vida y sus misterios—medianoche
llegó—antes de tiempo—y la conversación
continuó camino hacia su casa
y en su portal, el beso y en su cama,
los sucesivos roces de la piel.

Pero la realidad
es cruel y al despertarse
todo lo que quedaba eran recuerdos—
El sol del mediodía, el frío y unas
manchas sobre el colchón—
la soledad: un hombre y su silencio.

“Encuentros de la tercera fase” Lorenzo Roal.

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“Comer” Amalia López

Ahora que ya no mezclo
la tierra con la yerba,
me como la cuerda
del esquife
me trago
el mar con flores
en el espacio vacío
del aire con sal.

Núbil,
ondeo en este islote
sin árbol ni raíces,
contengo la carne,
también hago fuego
escucho a mi madre
y rompo a la mar.

“Comer” Amalia López.

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“El deseo” Mario Vega

Que el rubio de los cuerpos me ilumine
en las oscuridades de la noche,
bien entrada la noche, o por el día
oscuro de suburbios
en un abandonado callejón
o también por el centro, en callejones
abandonados al deseo.

Y no sólo son rubios, son morenos
los cuerpos, como el pan
que amaso y parto y como
con ansia y hasta deshacerse al fin
en mí, en otro, en la sombra,
la sombra última pasados años
de placentero amor, de los placeres
sin amor, sin cuidados, sin el tiempo.

Que el tiempo guarde el alma,
que el cuerpo goce al cuerpo,
que afrodita me coja confesado.

“El deseo” Mario Vega.

 

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“He de merecer esta tierra que engullo cada día” Israel Álvarez

He de merecer esta tierra que engullo cada día.
Esta nostalgia cruel en que llevo
sumergido treinta años sin que los frutos de mi casa nazcan
gloriosamente por el globo,
y se expandan dóciles en cada puerta cerrada
y en los lodos estériles
y en las almas hechas añicos
y en los cementerios umbríos en noviembre.

En cada lugar que piso y pisas
-tú lo haces siempre mejor que yo: pisar y pasar-
no es que florezca nada, sino que hacemos el amor
con los ojos,
por el camino virgen del espacio que separa nuestras miradas.

En cada lugar que piso y pisas
deja de morir una especie que no conocemos
y somos mesías inconscientes,
no fundadores de dogmas.
Somos tan sencillos al final que tiemblo con la palabra Amor.

Yo merezco esta tierra y este aire regalado
de cada día,
aunque sea brevemente por una vida;
debe valer, servirme, tan sólo una vida
para comprender que la misión a cumplir
no es otra que sostener el mundo
de otro.

He de merecer esta tierra que engullo cada día” Israel Álvarez.