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“Robando algunos conceptos” Narciso Raffo

Robando algunos conceptos de la filosofía de Heidegger, si se me permite, podría decir que Zéjel. Revista de arte, literatura y pensamiento nace como un proyecto abierto en su clausura. Cerrado, hermético, porque nace de la voluntad más o menos egoísta de tres conciudadanos y amigos, Juan Carlos Polo, David Roldán y quien ahora os escribe. Nuestro objetivo primordial era buscar una excusa para estar en contacto a través de la distancia, un trabajo en común que nos acercara de una manera honesta más allá de las experiencias tecnológicas cotidianas. Y es que Juan Carlos se marchó a los campos de Castilla, por un deseo nada romántico; David Roldán sigue sus estudios de doctorado en la Universidad de Rutgers, en New Jersey; mientras que yo, por mi parte, anduve experimentando por tierras germanas. Ahora bien, digo proyecto abierto en tanto que nos dimos cuenta de que esta iniciativa nos ponía de forma directa ante un escenario de creación poética joven hasta entonces desconocido y, por lo que parece, bastante rico, heterogéneo y en continuo auge.
También se nos antojó abierto el hecho de que Zéjel fuera un espacio democrático, participativo y receptivo a cualquier tipo de propuesta poética y artística con independencia de los nombres, siempre que guardasen como denominador común la calidad, la originalidad y la actualidad literaria. Si se me permite, jamás pensé que llegaríamos a publicar un quinto número y, más aún: jamás pensé que contaríamos con tanta participación, aceptación por parte del público, ni con un elenco de autores que siguen poniendo el listón alto a los precedentes, pero que sin duda compiten dignamente con los anteriores.
En cuanto al libro físico, era para nosotros obligado. La belleza, incluso a bajas temperaturas, sigue siendo belleza, como se cita en la afamada serie de Paolo Sorrentino Young Pope. No obstante, nuestra intención sigue siendo amoldar el texto, la experiencia poética, a un espacio sobrio pero digno, minimalista pero cálido, simple pero trabajado. Con la presentación de este nuevo formato no queremos sino superar o igualar la calidad de los formatos anteriores.
Por último, no podría concluir sin dar las gracias a toda la comunidad de personas que, “desde atrás” han estado empujando continuamente este proyecto cuando, por contingencias que la vida nos impone, parecía casi yermo. Por ello doy las gracias, como siempre, a colaboradorxs y editorxs, y aprovecho para hacer una mención especial para Laura Ruiz, cuya fuerza, trabajo y consejo sirvió de mucho para la elaboración de este número, y ojalá sirva para los números sucesivos.

“Robando algunos conceptos” Narciso Raffo

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“Un monólogo de Leopold Bloom” David Roldán

Nadie me dijo que huir de Ítaca fuera un viaje posible. Habían dejado las llaves puestas en el magnífico portón de la isla, la ciudad, la casa. Todo aparecía descuidado. Había ocurrido un saqueo. Recordé la tarde en la que nos asomamos al ojo del campanario y vimos lo que habíamos construido: una tierra embrionaria, sí, aunque un atrevimiento sobre el mar. Ahora nuestra ciudad era una orilla circular que ni se parecía a Dublín ni a la patria de Ulises. Pienso que Molly y Stephen han sido los que lo han dejado todo así, que el desastre no es cosa de Joyce, que me piensa, ni del temporal o los socialistas. Todos se han ido y ya no me quieren. Pensé en lo mal que me había sentado la comida, y así, el descubrimiento del desamor vino solo. ¿Soy Leopold Bloom sin ellos? ¿Fui, acaso, Leopold Bloom algún día? Se han ido a otras islas, lo sé, a otras ciudades, si existen. O se han ido, sencillamente, se han esfumado. Han desaparecido delante de mis ojos con la lentitud hermosa de una flor que se abre. Esto último me parecería más lícito, menos premeditado. Uno abandona para crecer. Abandona el hogar y la tierra familiar sin anunciar que lo hace porque es un ejercicio involuntario y sorprendente incluso para el traidor que se marcha. Entonces supe que eran y estaban. Sin saber bien dónde, entendí que aquello no importaba y que la isla ahora era mía. Así os cuento que me marché a casa tranquilo, a mi casa -que eran todas, aunque concretamente a la que estaba al final de la única calle en larga pendiente-.  Allí escribí sobre ellos, como hago ahora mismo.

“Un monólogo de Leopold Bloom” David Roldán

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Zéjel tercer número
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“Al llegar a la ciudad…” David Roldán

Al llegar a la ciudad no encontró nada. No había calles ni brazos de luz. Sólo el océano se escuchaba como un descanso extraordinario en la mente de los hombres. La familiaridad del agua traía la tierra mezclada y perdida de los viejos romanos y la América diamantina. De la cornisa del mar pendía un puerto distraído por el grito único de los marineros y mercaderes. Los últimos, decían, comerciaban con la palabra lenta. Discutían su origen, si provenía de la cárcel cervantina o de la soledad de Tucumán, si antes había sido grabada en las joyas de los banqueros toledanos o traída por los los tartésides, visigodos, los gauchos o Cortázar. Ni las perspectivas mágicas de Torres-García ni el orden de los siglos adivinaban el extraño origen. Había nacido, ella misma, en dos ocasiones, en dos lugares distintos. Su patria era el viaje eterno hacia la otra casa caliente que la recordaba.

“Al llegar a la ciudad…” David Roldán.

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“Sólo cabe la justicia poética…” Narciso Raffo Navarro

En el último límite del invierno las flores del almendro cantan la canción del artista joven: sube, savia nuestra, más aprisa: ábrenos ahora que todavía es invierno. Así, cuando sea primavera por fin para todos parecerá que las demás han imitado el arte de nuestros pétalos.
RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS

Sólo cabe la justicia poética ante los crímenes estéticos. Si bien es cierto que no existen veredictos o, si se prefiere, que el veredicto es el proceso en sí por el cual tratamos de emular el mundo hasta llegar a aquél. En cualquier caso la conclusión no habrá de ser jamás definitiva. Aquí, la tarea del poeta consistirá, como mínimo, en procurar que los «parches» que constituyen su obra no sean  igual de patéticos y fallidos que aquello que sentencia. Aclaración: que suceda lo peor no es síntoma de fracaso. Éste vino mucho antes, y ya estaba de alguna forma implícito en el recorrido.

“Sólo cabe la justicia poética…” Narciso Raffo Navarro.

Portada 1
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“Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor” Juan Carlos Polo Zambruno

Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor. Nace arropado en el cariño de cuatro amigos que han aprendido a amar las mismas cosas y, entendiéndolas como una herramienta imprescindible, se han empeñado en no abandonarlas.

Amor a la letra fecunda y fecundada, a los muertos persistentes en el tiempo, al pensamiento que derrama semillas y germina, al hambre y al pan que no está hecho de harina ni quiere harina pero sacia, a la imagen que inunda, a la música que ciega y al espectáculo que paraliza. Amor a lo bello que produce el hombre, como da el árbol sus frutos.

En el mundo que hoy habitamos donde millares de personas encuentran su nicho salado en el mar o se consumen en un destierro que nunca se recompone entre fronteras, con una Europa cada día más pequeña, la guerra en el cuadrado iluminado de nuestras casas siempre presente, la amenaza constante como sustrato donde plantar cada nuevo día y un infinito de manos que no pueden trabajar una dignidad con la que vestirse. Este mundo que hoy vivimos, nos impone con demasiada rigurosidad ser conscientes de las peores producciones de los hombres y es por eso que se hace aún más pertinente que nunca la creación de una revista como esta.

Zéjel pretende recolectar dentro de su humilde forma parte de las muchas cosas bellas que hacen hombres y mujeres a lo largo del mundo y no encuentran, desgraciadamente, todos los canales y afluentes que se le deben para que pueblen nuestra vida y la compongan con la misma presencia con que lo hace lo atroz.

Grano o montoncito de arena, Zéjel nace con este propósito y cada ejemplar no será más que un menudo acto de amor y de generosidad. Convencidos de que Borges no se equivocaba cuando en su última aparición en público, como cuenta el mismo Fernando Arrabal e incluye en su película dedicada al escritor, concluyó diciendo “conviene vivir generosamente, generosamente, generosamente…”.

Es con esa sana generosidad con la que los creadores nos ceden sus obras y se prestan a la composición de un número como el que hoy se presenta en las páginas sucesivas. Manos y huesos y tendones de muy distintos lugares y tiempos han compuesto estos frutos que hoy aquí recogemos y os presentamos como un plato necesario convencido de su valor.

“Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor” Juan Carlos Polo Zambruno.