Todo cuanto hemos deseado se deshila
Anne Carson.

Vuelve la aguja atrás en el pespunte.
Por donde ya pasó hunde la hebra.
Es eso que tiene de excesivo
lo que trama el deseo:
su voluntad de insistir
—besar la misma boca,
untar la misma miel—.

La tela empieza a separarse
siempre en sus extremos.
Allí donde el hilván se libera
el borde se atenúa,
las fibras se destensan.

El tiempo rasga igual
la miel
la boca.
Todo es fleco.

Olalla Castro

.

Está la miel, pero la miel no basta.
Ángela Figuera.

No vuelven las abejas de las flores
ni es néctar lo que llevan en la boca.
Acumulan resina
y secreciones de insectos.
La miel surge entonces más oscura.
Su sabor es nervudo
como la corteza de un árbol
y posee una cualidad definitiva:
se endurece al cabo de muy poco.
Convertido en cristal
—puede verse a través pero no atravesarse—
deviene el deseo incomestible.

Olalla Castro

.

Tragando panales que chorrean.
Mary Oliver.

Proyecta el cuchillo la luz
que la viscosidad refracta.
Es el deseo este unto
centelleando al extenderse.
Desborda el pan,
se adhiere a cuanto toca.
Dedo por dedo
succiono la melaza.
Todo refulge.
Tengo fauces oscuras
que recuerdan a un oso
como un cuerpo inclinado
recuerda a una colmena.
La lengua retiene el dulzor;
el dulzor no se deja.
Al desear el deseo se deshace.

Olalla Castro

.

La inspiración es un pleamar de abejas.
Susana Thénon.

Desciendo al arriate.
Fosforece el deseo,
agita sus pétalos naranjas
—ante él enceguezco,
zumbo en torno—.
Es un canto este grito,
un grito esta batida
de antenas-alas-ojos.
Bebo el néctar. Hurto el polen.
Regreso al panal
—henchidas las patas—.
No necesito flor,
lo tengo todo.
Como y regurgito.
Como y regurgito.

Olalla Castro

.

El pueblo
impone la boda
de mi madre.
Trenzan flores
en su pelo,
malva y llantén,
la visten de tul
y de encaje.

Ella mira
por la ventana, inmóvil,
como si posara para alguien.
Ajustan las cintas,
aprietan el corsé,
la llevan descalza
al campo llovido
para que su vestido
se impregne de agua.

Los pétalos caen
de su corona,
barro y pasto
entre los dedos de los pies.

Caminamos
barriendo el suelo
con ramos de lavanda
para que ningún animal
siga sus huella
y el novio
no la pueda
encontrar.

Natalia Litvinova.

Poema perteneciente a su poemario Cesto de trenzas (La Bella Varsovia, 2018).

Las aguas perturbadas de la memoria
no se alisarán.
Todos los días me iré de mi niñez.
Regresaré sucia antes de que anochezca
y me sentaré a la mesa.
¿Viste si floreció el lino? preguntará mi padre.
Mi madre le ofrecerá té con descuido,
molesta por algo que desconoce
o desatenta con lo humano, como si se imaginara
danzando entre las hermanas flores.
El tiempo se mueve en ríos subterráneos
y las aguas turbulentas del recuerdo no descansan.
Esa madre servirá té para siempre,
ese padre se irá una y otra vez.
No levantaré la mirada para verlo,
lo reconstuiré como una ciega,
como las imágenes salpicadas
en los lienzos de Pollock.

«Lienzo de la memoria» Natalia Litvinova.

Poema perteneciente a su poemario Siguiente vitalidad (La Bella Varsovia, 2016).

una escolar rimó
que düenos amó
mas más que los düenos
los secretos
piaras de flores
la persiguen
festino les obsequia
cicloramas
yo no sé
dime tú
yo no sé qué rima la mi entraña
yo no sé
dime tú
si aquesta, leonada, es mi entraña
que yo soy
dime tú
la alborozada
que yo soy la escolar que aconsonanta
las monedillas con las abras
monedillas alegres
y la cosa del broche
monedas bravas
yo no sé
dime tú
yo no sé qué rima el rosetón
de la mi entraña
ni mi labio ni el labio
de la ensenada
la ensenada deleitosa
tintiniante
y barajada
que soy yo la escolar que aconsonanta
lo confuso del cielo
lo confuso del cuerpo
lo revuelto del cielo del cuerpo la voirada
los labios sensüales
y la punzada

«una escolar rimó» Berta García Faet.

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I.
recorrer un desierto. marruecos en taxi y. tus labios. el mal du pays, la sed de. espaldas de. males de. países.
dentaduras exhaustivas entre essaouira y fez. ochocientos kilómetros ochocientos prodigios: ipsissima verba (las confesiones nocturnas), ipsissima gesta (el sexo, el desmayo): las tripas del pescado, la pasión de. agosto, la menta, la. gaviota, la escarcha del. sudor.
guiños exhaustivos entre essaouira y fez. palmípedas palmeras que susurran sherezade, eterno amor prosódico que no puedo traducir. ¿cómo decir arena, siempre, asfixia cruda? ¿el piar de las nubes, maraña, densidad?

II.
silencio exhaustivo entre essaouira y fez: camellos inclemencia mar (desgañitado); laberinto, aire-flor y. panorama de arcilla. montículos de moscas enjoyadas: melaza. cordilleras de mujeres drapeadas: escondidas. ficciones etnocéntricas tiznan mi fascinación. pero el resto no es exótico, ni oriental, ni el resto: el cielo desconchado (equus africanus asinus), motocicletas escuálidas (rezos, pan, sordomudos), y el recuerdo (fresco-amargo) del río Oued-Ouzoud.

III.
tus palabras y tus actos: la promesa (eucaristía), la delicia (chapuzón), los horizontes. y delante, el conductor se auto-inflige la cuaresma (el ramadán); tú, de copiloto, duermes, duermes, duermes; detrás, yo sufro, hi. po, escru. to la belleza del. paisaje. ocho horas de fiebre, felicidad, baklavas.
esos dos niños abrazados, espalda con espalda, en el. desierto. la sed. de espaldas. de bienes. de países.
dentro del taxi, esos dos niños.

(2013)

«Postal escrita por las dos caras» Berta García Faet.

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Hay que empezar
la década otra vez,
la línea va torcida.

«Década» Luis Chaves.

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La paradoja de los
años que pasan volando
aunque cada día dura una eternidad.


Noviembre se apaga y
se incendian los árboles
en el fuego verde del verano.

Como en la hora difícil para
los del pabellón de detox,
cada propósito del Año Nuevo
depende del azar.

La ansiedad y los líquidos:
imposibles de comprimir.
Aunque la bolsa inflada por el viento
aquella tarde colegial,
el trayecto del último bus a Barva
cada noche de los 15 a los 22,
y la foto donde se confunde
el antes y el después.

Hoy, damas y caballeros,
trasplanté geranios.
Los dedos entraron y
salieron de la tierra suelta
y no pensé en la progresión
geométrica de los años
ni en la rehabilitación
ni en ninguna otra cosa.
El ruido de la provincia
llegaba en delay,
debajo del agua,
y si algo se fermentaba
en la mente en blanco
es muy temprano para saberlo.

«Mecánica de fluidos o la edad metabólica» Luis Chaves.

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