La máquina corta las cuerdas de suspensión del sueño
Es un golpe certero a esto que llamo vida
Un martillar diario sobre la tranquilidad de la muerte temporal
No existe una vuelta de este mundo sin el amargo chillido que me manda de nuevo a la caverna
Hacia donde los postes bostezan la última luz de la noche
Para abrirle paso a las hormigas de dióxido de carbono en su afán matutino
Es culpa mía
Fui yo quien decidió despertar todas las mañanas junto a los espíritus de los emails
Que llegan como agujas a los brazos de una enfermedad desconocida
Y esconderme entre los suspiros de las horas a escribir estos poemas
Bajo la atenta mirada del reloj de la sala de juntas
Así como Julia se esconde en el baño a llorar todas las tardes
Ella piensa que nadie la escucha
Al fin y al cabo este lugar fue diseñado para dejar el alma afuera
Pero yo leo claramente los versos de su cara cuando se sienta en su cubículo
Con su sonrisa recién ajustada bajo el labial rojo
A terminar el informe de la misma manera
Que termina nuestra vida
Os Rodríguez
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«Navegar es abandonar» Juan Carlos Polo Zambruno
Navegar es abandonar tu nombre y todos los espejos que te nombran. Es no ser hijo de unos padres, ni tener historia que te lea, ni amigos que te sepan. Porque quien navega va solo, nadie le reconoce y en todos los puertos es un extraño. Es entonces cuando únicamente se tienen dos opciones: izar frente a los otros antiguos recuerdos para no olvidarse o crear nuevas imágenes donde reconocerse.
Porque quien navega no se tiene, se inventa o se defiende.
Zéjel aún está húmeda de la tempestad. Tras un año entero de viaje vuelve para ofrecernos un nuevo encuentro de múltiples y diferentes voces. Y como no podía ser de otra manera, después de su travesía, no es la misma.
En este número estrenamos la figura del Editor invitado y hemos tenido la suerte de inaugurarla con la colaboración de María Sánchez-Saorín y Alejandro Bellido. Ambos han formado parte del Comité editorial y participado en la selección de los originales que componen el volumen, haciendo de Zéjel un espacio más abierto, colaborativo y plural que quiere ser casa compartida.
Por otro lado, hemos renovado la estética de Zéjel con un nuevo logotipo diseñado por la artista Quiao Maomao. Una deuda del pasado con nosotros mismos que finalmente se ha satisfecho. Dotando así a la revista de mayor personalidad y una estética más definida.
Sin embargo, estos cambios no son propiamente una innovación sino más bien una tendencia subyacente en Zéjel. Un paso más hacia una ruta marcada cuidadosamente desde sus orígenes, del mismo modo que avanza la planta lentamente hacia la luz, sin saber cómo dispondrá sus hojas, pero convencida de su dirección final.
Aún nos quedan por ver en esta revista muchas nuevas flores con la que sorprendernos. Han pasado ocho años desde que comenzamos y han cambiado muchas cosas. Pero la base sigue fuerte, más por su simplicidad que por su factura. De entre todos los caminos que se presentan solo un antiguo norte veo por cierto: «Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor».
Juan Carlos Polo Zambruno.