Las plantas sienten como yo,
son diferentes como nosotros:
colores, formas, aromas…
Son únicas y bellas a su manera,
ojalá contemplarlas sin importar
el paso de las horas,
quisiera tenerlas a todas conmigo
y en mi pequeño patio
verlas crecer.
¿Cómo puedo hacer
para que se mantengan vivas?
Hace tanto frío en este cuerpo…

Irene F. Romero.

a partir de ahora es mío tu pelo
mío tu patio míos sobre todo
tus recuerdos para siempre
mira lo pone aquí
mío mío mío
esta hija única se queda
con todos tus juguetes
mío el pop mío el verano
es mía también
la casa de tu infancia
te he desarmado me quedo
con tu vida y tus amigos
a partir de ahora eres
imaginario colectivo
estampita a la que rezar
póster del medio
de la revista superpop
mía la playa las tardes
tuyas las ideas los ensayos
de mil doscientas páginas
yo una persona tú una palabra
seguida de otra
mira cómo te describo
a partir de ahora
yo nado y bailo y me río
y tú solo
un libro que se acaba
cuando me aburro de escribir

Elisa Fernández Guzmán.

un invierno sin adversario
un cuerpo que ofrece resistencia
un frío que induce a enterrarse viva
que lo paraliza todo, todo salvo
la automatanza de los árboles,
la furia clarividente, sol talismánico
sobre nieve que limpia e ilumina.

Leire Pérez.

Rútila mejilla
lamida por el sol,
saliva dulce. De ámbar
reverberan,
heliade esbelta, tus hebras
hacia allá, hacia el río
profundo.

Leire Pérez.

I
que asedienta tu cuerpo
una madrugada de palomas
heridas en la nana de lo isósceles
por tu mano mi mano convertida
en rescalpe / burila / amatriaje
te saja / te ahueca / se deja olvidado
este poema
para que se te pudra / adentro

II
mi cuerpo murmurado de agua
entrega / ofrece / abandona
todos los versos que enluno hoy
para que se ahoguen
soy la sed de voz / de los susurros

III
la escritura
ese monstruo azul / o ave en llamas / o flor de nieve
que muerde / chupa / desangra el espíritu
y el escritor es solamente un obrero /
un huésped del vacío

IV
poemas como cuerpos
diversos / rabiosos
como árboles que se excitan
con el fuego

V
la barricada del poema
no deja salir las palabras
para que esta lluvia inunde
la distancia / que nos separa
y sea el agua nuestro idioma

Alfonso Larrea.

Con el tiempo suficiente, crecen los nogales
el pájaro que nada sabe monta en ellos su nido
vuelven a trazar sus caminos las ovejas y cantan de nuevo
los pastores, calienta otra vez el fuego los tubérculos de noche
recupera el cálamo el brillo dorado de su fuerza
la manzanilla retoma impasible sus olores y los jóvenes
besan sus labios, por primera vez, a la sombra
como si nunca se hubieran allí consagrado a los dioses
ochocientas cabezas de ganado, ochocientas cabezas de hombre.
El rastro del pasado es invisible
la violencia no deja huella tras su paso
y esta ausencia es una nueva
de sus formas, quizás la última:
al morir sin rastro, pervive
la violencia en la violencia de su olvido
esta es su oculta inmortalidad.

Alejandro Gómez Masdeu.