Navegar es abandonar tu nombre y todos los espejos que te nombran. Es no ser hijo de unos padres, ni tener historia que te lea, ni amigos que te sepan. Porque quien navega va solo, nadie le reconoce y en todos los puertos es un extraño. Es entonces cuando únicamente se tienen dos opciones: izar frente a los otros antiguos recuerdos para no olvidarse o crear nuevas imágenes donde reconocerse.
Porque quien navega no se tiene, se inventa o se defiende.
Zéjel aún está húmeda de la tempestad. Tras un año entero de viaje vuelve para ofrecernos un nuevo encuentro de múltiples y diferentes voces. Y como no podía ser de otra manera, después de su travesía, no es la misma.
En este número estrenamos la figura del Editor invitado y hemos tenido la suerte de inaugurarla con la colaboración de María Sánchez-Saorín y Alejandro Bellido. Ambos han formado parte del Comité editorial y participado en la selección de los originales que componen el volumen, haciendo de Zéjel un espacio más abierto, colaborativo y plural que quiere ser casa compartida.
Por otro lado, hemos renovado la estética de Zéjel con un nuevo logotipo diseñado por la artista Quiao Maomao. Una deuda del pasado con nosotros mismos que finalmente se ha satisfecho. Dotando así a la revista de mayor personalidad y una estética más definida.
Sin embargo, estos cambios no son propiamente una innovación sino más bien una tendencia subyacente en Zéjel. Un paso más hacia una ruta marcada cuidadosamente desde sus orígenes, del mismo modo que avanza la planta lentamente hacia la luz, sin saber cómo dispondrá sus hojas, pero convencida de su dirección final.
Aún nos quedan por ver en esta revista muchas nuevas flores con la que sorprendernos. Han pasado ocho años desde que comenzamos y han cambiado muchas cosas. Pero la base sigue fuerte, más por su simplicidad que por su factura. De entre todos los caminos que se presentan solo un antiguo norte veo por cierto: «Zéjel es, en primer lugar, un acto de amor».

Juan Carlos Polo Zambruno.

Cultura visual

QUIAO MAOMAO

Comentario a la
Selección de obras de Quiao Maomao
por
Narciso Raffo Navarro
Conexiones entre naturaleza, cuerpo e identidad a través del tatuaje – Panteísmo en la obra de Mao

El arte del tatuaje ha evolucionado de ser una práctica ancestral a convertirse en una forma de expresión contemporánea, donde el cuerpo se vuelve una especie de lienzo capaz de narrar historias personales, culturales e incluso mágicas. Este fenómeno, que trasciende fronteras geográficas y temporales, encuentra en cada tatuador una voz única que refleja una particular visión de lo que el tatuaje significa.
En medio de la avalancha de diseños que el algoritmo de Instagram me ofrece a diario —algunos de los cuales guardo con gusto y otros descarto con desdén— me encontré, por pura casualidad humana, con una tatuadora que desde el primer momento me pareció distinta. No solo por su estilo único y reconocible, sino por la verdad que pude percibir en sus obras. Por primera vez un tatuaje me hizo reflexionar a un nivel más profundo, como suele suceder con otras formas de arte que consideramos «más solemnes».
De pronto, comencé a pensar en la fuerza de la naturaleza, en la potencia de un tigre, en la inteligencia de un ave o en ese heroísmo vegetal al que Clara Llano hace referencia en uno de sus poemas. También pensé que toda esa energía es susceptible de ser transmitida y que tatuarse puede volver a ser una forma simbólica y poderosa de conectar con lo sagrado.
La obra de Mao se nutre de una rica herencia que abarca desde los grabados de las dinastías Wei del Norte y Han hasta los murales de Dunhuang. Su conexión con su tierra natal se hace evidente en la presencia de diversos elementos simbólicos, tales como los caballos, que durante siglos han sido parte fundamental de la identidad de su pueblo.
Algo que llama especialmente la atención al observar su obra es que el objeto central, a menudo animales o formas vegetales, no se presenta como un espacio negativo sobre el lienzo —como es común en la mayoría de tatuajes— sino que estos elementos están integrados en un contexto mucho más amplio, donde predominan formas geométricas, elementos de la naturaleza, fondos terrosos e incluso marcos irregularmente definidos. Esto dificulta la apreciación de qué constituye exactamente el tatuaje o, más bien, qué queda dentro o fuera de él.
Da la sensación de que sus diseños no están concebidos para ser meras decoraciones en la piel, sino que poseen una energía poderosa, casi intrínseca. Para ella, cada diseño lleva consigo un propósito, una energía que busca vibrar en consonancia con quienes los portan. Esta búsqueda de significado a través de lo corpóreo se refleja en cómo aborda la composición de sus obras. La tendencia a romper con los límites tradicionales del tatuaje, la confluencia de elementos que acompañan la figura o tótem principal, nos sugiere una concepción amplia y panteísta de la naturaleza, donde lo sagrado y lo terrenal coexisten y se retroalimentan.
Cada trazo y color son el resultado de una cuidadosa reflexión sobre el paso del tiempo y la pervivencia del arte a través de él. La elección de tonos terracota, por ejemplo, evoca los colores de los murales antiguos, los cuales, como indica la artista, parecen alcanzar el culmen de su belleza cuando el paso del tiempo se hace evidente. Esto, trasladado al cuerpo, nos ofrece una visión metabólica y visceral de la creación estética. Es aquí precisamente donde Mao encuentra el verdadero sentido de expresarse a través del tatuaje: el hecho de que un mismo diseño se vea diferente en cada piel; saber que su obra está, en un sentido literal, viva y en constante cambio junto con la persona que lo porta.
A través de su trabajo apreciamos una reivindicación de lo natural frente a una humanidad a menudo demasiado centrada en sí misma. Con cada tatuaje, Mao establece un lazo que va más allá del acto físico: se trata de una experiencia compartida que incluye no solo sus vivencias personales, sino también la de sus clientes. Pues es a partir del encuentro entre este y la tatuadora cuando empieza a gestarse la forma final del diseño. Este enfoque multidimensional transforma el proceso del tatuaje en algo más que un simple servicio, creando un espacio donde la creación artística es inseparable del diálogo y su carácter emergente.

Todo cuanto hemos deseado se deshila
Anne Carson.

Vuelve la aguja atrás en el pespunte.
Por donde ya pasó hunde la hebra.
Es eso que tiene de excesivo
lo que trama el deseo:
su voluntad de insistir
—besar la misma boca,
untar la misma miel—.

La tela empieza a separarse
siempre en sus extremos.
Allí donde el hilván se libera
el borde se atenúa,
las fibras se destensan.

El tiempo rasga igual
la miel
la boca.
Todo es fleco.

Olalla Castro

.

Está la miel, pero la miel no basta.
Ángela Figuera.

No vuelven las abejas de las flores
ni es néctar lo que llevan en la boca.
Acumulan resina
y secreciones de insectos.
La miel surge entonces más oscura.
Su sabor es nervudo
como la corteza de un árbol
y posee una cualidad definitiva:
se endurece al cabo de muy poco.
Convertido en cristal
—puede verse a través pero no atravesarse—
deviene el deseo incomestible.

Olalla Castro

.

Tragando panales que chorrean.
Mary Oliver.

Proyecta el cuchillo la luz
que la viscosidad refracta.
Es el deseo este unto
centelleando al extenderse.
Desborda el pan,
se adhiere a cuanto toca.
Dedo por dedo
succiono la melaza.
Todo refulge.
Tengo fauces oscuras
que recuerdan a un oso
como un cuerpo inclinado
recuerda a una colmena.
La lengua retiene el dulzor;
el dulzor no se deja.
Al desear el deseo se deshace.

Olalla Castro

.

La inspiración es un pleamar de abejas.
Susana Thénon.

Desciendo al arriate.
Fosforece el deseo,
agita sus pétalos naranjas
—ante él enceguezco,
zumbo en torno—.
Es un canto este grito,
un grito esta batida
de antenas-alas-ojos.
Bebo el néctar. Hurto el polen.
Regreso al panal
—henchidas las patas—.
No necesito flor,
lo tengo todo.
Como y regurgito.
Como y regurgito.

Olalla Castro

.

Ancora noi, come ieri, impreparati
all’appuntamento. Mi hai scritto una
lettera, bagnata di arcobaleno, e
ho distolto gli occhi dal cielo.
C’è in me una grande sofferenza, che
rispetti. Tendo le mani alla terra,
raccolgo frammenti di te. La tua parola
senza voce. Sono confuse le frasi
tra le mani, falsi profeti alle porte
della nostra casa.
Ti guardo dipingere l’erba di un verde che
non ho mai visto.
È la tua preghiera per il mattino, per l’arco
del tramonto che brucia il sentiero tra i
campi, per le stelle non più così numerose.
La mia nostalgia è nelle tasche, cenere di
luce rende fertile la terra appena arata.
È cresciuto un albero d’ulivo, avvicina
le nostre mani. Sembra che si somiglino,
abbiamo la stessa cicatrice annodata
lungo la linea del cuore. E quando il vento
spazza via le nuvole, diventa un ricordo
del futuro.
Materia del tuo nome.

Francesco Ferrara

.

Todavía nosotros, como ayer, sin preparación
en la cita. Me escribiste una
carta, bañada en arco iris, y
aparté los ojos del cielo.
Hay en mí un gran sufrimiento que
respetas. Tiendo las manos a la tierra,
recojo fragmentos de ti. Tu palabra
sin voz. Frases confusas
entre las manos, falsos profetas a las puertas
de nuestra casa.
Te veo pintar la hierba de un verde que
nunca lo he visto.
Es tu oración por la mañana, por el arco
de la puesta de sol que quema el camino entre los
campos, para las estrellas ya no son tan numerosos.
Mi nostalgia está en los bolsillos, cenizas de
la luz hace fértil la tierra recién labrada.
Creció un olivo, se acercan
nuestras manos. Parece que se parecen,
tenemos la misma cicatriz anudada
a lo largo de la línea del corazón. Y cuando el viento
borra las nubes, se convierte en un recuerdo
del futuro.
Materia de tu nombre.

Francesco Ferrara

.

Una voce ostinata reclama attenzione
dal cuore del mondo che sogna, di me
come d’altri. Sogno me stesso.
La volontà che vi sia dell’essere
è la preghiera recitata sul baratro oscuro
a cui giungo. In assenza di sguardi.
Sfioro la maschera, destino di immagini,
che ricopre un’assenza. La membrana dei
giorni è l’ingenuo dedalo che mi separa da
te, orizzonte convesso di luce.
Da questo fragile approdo, minacciato
dal disfacimento, difendo i volti amati
al principio del sogno. La realtà
– minima e solidale – dove brilla l’essere,
a cui appartengo nell’affievolirsi
della parola. Questa relazione supera la
vita, singolo punto privo di ontologia,
farmaco contro la solitudine. Non è la
mia causa, il senso del mondo. Esiste
per sé, desiderio di un noi.

Francesco Ferrara

.

Una voz obstinada reclama atención
del corazón del mundo que sueña, de mí
como de otros. Sueño conmigo mismo.
La voluntad de que haya un ser
es la oración sobre el abismo oscuro
a la que llego. En ausencia de miradas.
Rozo la máscara, destino de imágenes,
que cubre una ausencia. La membrana de
días es el ingenuo laberinto que me separa de ti,
horizonte convexo de luz.
Desde este frágil puerto, amenazado
de la descomposición, defiendo los rostros amados
al principio del sueño. La realidad
— mínima y solidaria — donde brilla el ser,
a la que pertenezco para desvanecerme
de la palabra. Esta relación supera la
vida, punto único sin ontología,
medicamento contra la soledad. No es la
mi causa, el sentido del mundo. Existe
para él, deseo de un nosotros.

Francesco Ferrara

.

Bitenê dînê bajar li bajar dimîne,
xwas, di şevên sar, xurxura gulleyan…
Wê li ser çi bitirse?!
Ne zarokek li pey wî,
ne kişwerek ji pêvî bajar,
kêferata ku dike!
Qîr dike kesên ku bajar bi tenê dihêlin,
weke ku aqilê wî
yê mayî bi xwe re biribin, bêçixare mabe!
Qîr dike li bin baranan,
li valahiya derdora xwe dinihêre,
li rêyan,
li bajar,
sîwana herî nêzîk dibijêre
û radize weke ku tiştek nebûyî!

Ciwan Nebî

.

Solo el loco se ha quedado en la ciudad,
descalzo, en las noches frías, oye disparos…
¿Qué tiene que temer?
No tiene hijo
ni reino alguno salvo la ciudad.
¡Recurrirá a cualquier cosa!
¡Grita a los que han abandonado la ciudad,
como si se hubieran llevado
lo que le quedaba de mente
y sus cigarros todos!
Grita bajo la lluvia,
contemplando el vacío a su alrededor,
los caminos,
y la ciudad.
Elige el toldo más cercano
y se queda dormido
como si nada hubiera sucedido.

Ciwan Nebî

.

Ceng sibehan radiweste,
tu dikarî li Şoban guhdarî bikî
ger jinişkave li çepî bajar teqîn çênebe,
nehejîne pergalên bajar,
bi xwe re xwaziya te bi dînbûnê jî.
Dikarî li Feyrûzê guhdarî bikî,
bilind bikî tembûra Lawê Remo,
bigirî govendeke kurmancî, germ.
Ceng bi şev e, min ji te re got,
li jinan binihêre cilên mêrên xwe yên şuştî
bi têlan ve didaleqînin,
binihêre, wexma cengê, direve,
tivingên xwe paqij dikin mêr,
çaya xwe vedixwin, li zarokan binihêre
qelpaxê gulleyeke vala li kolanan nehiştin_ ev
lîstika wan ya nû ye, ez jî û weke zarokekî
her têkçûyî me, kêmtir ji hemî hevalên xwe
gulleyên vala didimhev!

Ciwan Nebî

.

La guerra se detiene por las mañanas,
podrías escuchar a Chopin
si no hubiera una repentina explosión en el occidente de la ciudad
que no sacudiera sus cimientos
con tu afán de enloquecer.
Podrías escuchar a Fairuz
levantar el tanbur de Lawê Remo
y hacer una cálida danza kurda.
La guerra es con la noche, te lo dije.
Mira a las mujeres tendiendo
la ropa limpia de sus maridos,
mira cómo el fétido aroma de la guerra se esfuma,
cómo los hombres limpian sus rifles,
beben sus tés. Mira a los niños
que no dejaron casquillo alguno en las calles,
su nuevo juego, y yo soy como un niño
que ha enloquecido,
pero menos que todos nuestros amigos.
¡recojo los casquillos!

Ciwan Nebî

.