hemos vivido a la sombra de cientos de desenlaces bajo
un sol que en dos mitades nos aguarda y a la
masa nos condena
hemos vivido al amparo de los perros que han comido en
nuestra mano y ahora arrojan sus pieles a
nuestros pies ya sin disfraz convalecientes
y en la danza de las aguas con un grito de dolor han
puesto fin a la muerte del marinero
mientras miles de ojos negros nos vigilan esperando un
paso en falso para ver como escupieron sus
mentes nuestros ídolos del pasado y sus
espíritus ahogándose en el barro
y aun un torso de hombre libre
apenas es comida y sangre para la tierra que ellos
mismos con sus manos han arado
y hoy con voz de cicatriz dices mi nombre arrastrándote
hasta mi cama
en tu pecho en llamas un jardín cortado no hallarás
vestido para este banquete
ni tampoco te hará falta
allá donde nos esperan
allá donde por fin podamos estar todos juntos
como en familia

«Albinoni / Morrison» Isandro Ojeda-García.

En la publicidad del banco
los carteles anuncian hipotecas,
financiaciones e intereses.
Unos carteles que recuerdan
a los antiguos altares
en madera de cedro,
catequesis y divulgaciones
sobre el enigma
de las viejas catedrales.
Ahí fue el dios del IVA,
del IRPF, del IS, del TAE,
todos con su novena
de trimestres y liquidaciones.
Yo acudo, en cierto modo,
a pedir misericordia,
y en un presbiterio, de conglomerado,
me indican: “Firme aquí”.
Me confieso: apenas soy eso:
la insignificancia respecto del absoluto.
De la burocracia financiera.
Crédito eres,
y en crédito te convertirás.

«Trámites» Gonzalo Gragera.

En la dermis del planeta
diluvios envuelven
la periferia
con sudor publicitario.
Mis amigos se incineran
en adjetivos imposibles
ofrendando óseas realidades.
Sus tardíos juramentos
son candelabros
alumbrando
los pliegues del insomnio
en el placard encefálico
que cargamos
arriba de los hombros.

David González.

Porque recordamos a los muertos
nuestro vientre tiene la forma de la tumba de un río.
El mundo no se acaba en la tierra que pisamos.
Por eso queremos comprender
cómo marcharán de nosotros los cuerpos que amaremos
sin mudar la piel
sin dejarnos en la carne la presencia de un rastro.
Sucede cada vez que se contempla la despedida.
Nada sustancial acontece en la materia
pero el cuerpo por dentro se reconoce en el otro
porque otro ocupará el lugar de su memoria
cuando algún día recuerde.
Es siempre la misma historia: dar cuenta de lo que somos
mientras estamos cambiando.
Pero nuestro corazón borrará nuestra culpa.
Que la vida nos sorprenda
en su desplegar.

«El duelo» Gonzalo Hermo.

(Texto original)

Porque lembramos os mortos
o noso ventre ten a forma da tumba dun río.
O mundo non acaba na terra que pisamos.
Por iso queremos comprender
como marcharán de nós os corpos que amaremos
sen mudaren a pel
sen deixárennos na carne a presenza dun rastro.
Sucede cada vez que se contempla a despedida.
Nada substancial acontece na materia
pero o corpo por dentro recoñécese no outro
porque outro ocupará o lugar da súa memoria
cando algún día lembre.
É sempre a mesma a historia: dar conta do que somos
mentres estamos cambiando.
Pero o noso corazón borrará a nosa culpa.
Que a vida nos sorprenda
no seu despregar.

«O dó» Gonzalo Hermo.

Me asomo a la ventana:
soy siempre el último que me acuesto,
el último de la calle, el de mi casa.
El caos es visible: los papeles
sobre la mesa como un enfermo anestesiado,
rayajeados, escritos con diferentes colores;
montones de libros en el suelo.
Todo está oscuro y miro la vida
con los ojos de la noche.
Y siento el miedo de no saber
si con la luz del día siguiente
yo mismo seré capaz de amanecer.

«El caos y el miedo» Antonio Cruz Moreno.

Siento la catarsis del sueño, que es la vida,
cuando despierto y te encuentro
y el café se derrama -diluviano-
sobre nuestro árido jardín de nervios,
y te vas, luego, como una eyaculación lograda.
Yo celebro la obscena costumbre de tu marcha,
no diré cómo, ni cuánto, pero sí el lugar: lejos,
admirando el orden que se va
tras la estela pintada del tornado de Brosio,
del astronauta de Colbie,
de los gatos enormes o las mujeres
sobre paisajes kitsch de Eder.
Yo soporto la violenta costumbre de tu marcha recordando.
Y es que no hay arma
que me defienda mejor de ti que la memoria.

«La petite mort» Álvaro Carbonell.

Esperad gente
Cuidado con molestar a Don Presente
Está en un gran teatro
Luchando contra el fantasma del Tiempo
¿No lo estáis viendo?
Está chorreando de fatiga
A la derecha golpea al futuro
A la izquierda tumba al pasado
Sin descanso
La obra que va en escena hoy dicen
que es infinita
y prometedora
Nada de comedia
Nada de tragedia
Nada de nada
Así hacía el infinito.

«Búsqueda sin captura» Maria Pina.

Una llave de hielo, la palabra
mío anunciando su desorden,
su estrategia sin mí.
Se derrite
la cerradura, y estás fuera.

Y dentro nunca hubo nadie.

«Una llave de hielo, la palabra» Raúl Quinto.

es primero en la tarde asfixiante, el fin de la alegría
un día, tal como este, una sonrisa,
un pita en el mejor griego de la ciudad,
junto a mí un sol, un sol distinto
uno mucho más bello del que luce hoy,
una melodía, un tirabuzón en un cabello negro,
una caricia, una peli de esas raras,
la muerte encarnada
y a su vez, un tiempo, un tiempo que se repite,
uno más entre otros tantos

«Eternas verdades del primero de junio» Rubén Carrera.

Primero hubo que soñar
y no fue fácil.

Ahora hay que tomar la
realidad entre las manos
acariciarla y creer en ella.
Confiar en un pequeño pájaro
recién salido de sí.

«Un pequeño pájaro» Irene Torra.