Todos los solos y los locos de Madrid
dentro de mi mano

poder cerrar el puño,
sin aplastarlos,
acercarlos a mi corazón
y recogerlos.

Yo me conmuero y me condolo
de las largas soledades que caminan
o montan su teatro sobre el suelo.

Qué lejos de ellos está la mano.

Con qué ferocidad sus vidas
se han hecho tan ajenas
de aquella caricia primera
que los acogió y posó
entre dos senos.

Aislados entre el mar,
náufragos en sí mismos,
destacan como estrellas en el cielo.

Mis locos y esperpénticos amigos
son cómicos con un penoso sueldo.

«Todos los solos y los locos de Madrid» Juan Carlos Polo.

a mi hijo

Por cada pájaro que despega cae
una hoja
y se quiebran juntos
por el destino opuesto
de la tierra y del cielo.
Por cada hijo que nace un cuerpo
se hunde y no lo vuelves
a ver
y no sabes
a quién pertenece ciertamente
y se queda ahí quieto sobre la alfombra
como un paraíso doméstico
que te hace brotar su tesoro
entre las manos.

Levántate y camina ordena el viento de la tarde sobre el muelle
y efectivamente rueda la piedra
baja el escalón en soledad
un ruido sordo
un cuerpo que vuelve a la arqueología
de su silencio
un sorbo que baja
sordo

y está en el fondo
sobre la gran panza del animal
en la gran cuna del estómago del animal
en la bolsa resplandeciente
del mar.

7 horas, 11 de julio de 2014.

«Por cada pájaro que despega cae» Francesco Iannone.

(Texto original)

a mio figlio

Per ogni uccello che decolla una foglia
cade
e si schiantano insieme
per l’opposto destino
della terra e del cielo.
Per ogni figlio che nasce un corpo
s’inabissa e non lo vedi
più
e non sai
a chi davvero appartiene
e resta fermo lì sul tappeto
come un paradiso domestico
che ti germoglia il suo tesoro
sulla mano.

Alzati e cammina ordina il vento la sera sul molo
ed effettivamente rotola il sasso
scende il gradino in solitudine
un tonfo secco
un corpo che rientra nell’archeologia
del suo silenzio
un sorso che va giù
sordo

ed è sul fondo
sulla grande pancia dell’animale
nella grande culla dello stomaco dell’animale
nella sacca splendente
del mare.

ore 7, 11 luglio 2014.

«Por cada pájaro que despega cae» Francesco Iannone.

Lo terrible es el borde, no el abismo.
En el borde
hay un ángel de luz del lado izquierdo,
un largo río oscuro del derecho
y un estruendo de trenes que abandonan los rieles
y van hacia el silencio.
Todo
cuanto tiembla en el borde es nacimiento.
Y sólo desde el borde se ve la luz primera
el blanco -blanco
que nos crece en el pecho.
Nunca somos más hombres
que cuando el borde quema nuestras plantas desnudas.
Nunca estamos más solos.
Nunca somos más huérfanos.

«En el borde» Piedad Bonnett.

 

Despertar es conjugar el mundo sobre el sueño,
tornar la carne enredadera,
hacer de las venas un cauce de flores,
todo para exprimir su savia en poema.

Y es de ese susurro de lo que todo surge.

Si mi sangre es veneno
………………………….mi rumor se origina
en la piedra caída de un estanque olvidado; respuesta de onda sobre onda.

Fabián Trigos Baena.

 

Supongo que la tarde es una caja
de sorpresas, de nubes encendidas
al rojo vivo, a punto de estallar
en la noche de lomo gris y oscura.
El musgo de los ídolos no piensa
que es pátina en la piedra a la que adoran
otros que se ahogarán bajo el agua estancada
que ya no corre al mar porque es el mar,
la placenta que el tiempo va formando
en torno a la cintura como lluvia
del que reza a los pies de las estatuas
en el nombre del padre o de los santos.
La luz de la mañana saja el vértice
de la montaña como un haz de plata.

«Luces» Valentín Navarro Viguera.

 

Todo poema recuerda alguna imagen.

Una canción que parte en dos la tarde
mientras duermes la siesta en el sofá.
Cualquier frase ingeniosa que despierte
una necesidad inesperada,
un estremecimiento adolescente.
Una postal mandada desde Roma
con las comas mal puestas.
La foto de tu exnovio en el salón.

Imágenes vulgares,
no necesariamente interesantes,
exentas de poesía,
sin demasiada fuerza narrativa.
Pero basta de nuevo con un fugaz
instante, una mirada rápida,
la inercia de la vida llevando tu cabeza
hacia el lugar exacto,
en el momento exacto,
y de repente el tiempo se detiene.
Y solo existe eso, esa imagen cualquiera,
esa escena trivial, ese fluir tan obvio
del recuerdo,
y de repente sabes
que no,
que el poema no puede
empezar
de otra forma.

«Ars poética» Rosa Berbel.

 

Eran las pequeñas cosas. Como el ajetreo silencioso y adormecido de entrada y salida a los baños, la cisterna a través de las paredes, los indeseables susurros de cortesía introductorios al intercambio. La sombra de las sábanas fugazmente proyectada sobre el pasillo en rápidos y negros espasmos; la abuela preparando la cama, perfecta. Y realmente eran las pequeñas cosas. Como el rostro de aquella niña pecosa del restaurante que abría mundos enteros con accidentales y malinterpretadas miradas, para luego desmoronarlos sobre el final de la velada y atarlos a los primeros sueños de la noche, prematuros a la incidencia del verdadero y necesario despilfarro. Luego la pequeña oscuridad, algunas conversaciones censuradas por puertas mal cerradas y paredes famélicas e inconsistentes, las últimas risas apropiadamente contenidas con mayor o menor éxito e igualmente tranquilizadoras. Finalmente la gran oscuridad, sin fronteras, sinfín de posibilidades. Siempre. Siempre eran las pequeñas cosas. La sobrecogedora fuerza del regreso, sin saber cuánto tiempo hemos estado ausentes, incapaces de adivinar remedio para lo que no ocurrió. Y así, el recuerdo y los proyectos vuelven a nosotros, apoyándose mutuamente para alcanzar la voluntad que bautice nuestro cuerpo con el aire del nuevo día.

Rafael Maya.

 

Un hombre desciende la colina en el borde de un paraguas
Deseo que haya luz suficiente para intuir el humo de otro idioma
Pero es blanco el perfume del niño que amé
Retengo la primera gota en la punta de la lengua como una forma de decirme adiós
Todos los árboles esperan un roce de pájaro una caricia oxidada
Todas las cruces serán verdes y nos dolerán en los ojos cuando ignoremos a quién
llevamos dentro
Y no es el tiempo que pasa, somos nosotros quienes vamos haciéndonos niebla
Eras el sueño hecho cuerpo en el quicio de una puerta oyéndome llorar
El amor no nos escoge con el dedo índice, sino con todos y cada uno de los dedos
Me senté a mirar por la ventana cómo avanzaba hacia mí el viaje más largo
He jugado y he vivido: tumor de la inmovilidad.

«El viaje más largo» Gema Palacios.

 

Ojalá mi vida fuera una carreta de bueyes […].
Yo no tendría que tener esperanza: sólo tendría que tener ruedas…
ALBERTO CAERIO

Sentado a la puerta de la casa, espero
el paso del repartidor de cartas sin más interés
que el de verle pasar y saludarle
y darle los buenos días y saber que todo sigue
en orden en esta mañana de otoño.
El sol brilla –porque abro los ojos y lo veo brillar–
y entiendo que todo sigue, de momento, su curso.

A veces las horas pasan despacio como un rebaño
de ovejas hambrientas y calladas. A veces,
como hoy, como esta mañana, no pasa nadie
y son las sombras las que marcan la vida,
las que ponen el límite entre lo que es real
y lo que va pasando por encima de mi cabeza.

Lo que el sol dice que soy contra la pared encalada,
lo que yo os digo que soy contra la página de luto,
lo que otros os dicen que soy contra todo pronóstico,
nada de eso es cierto pero es verdad
que todos –también yo– tenemos que construir
bulos, personajes, sombras y caretas.
La soledad a sangre fría no se cura con sombreros.

«Guardador de rebaños» Enrique García Bolaños.

 

Platero es un terpenoide semisólido, cristalino y ceroso, de penetrante olor.

Cuando lo llamo, acude impulsado por sus retromotores a chorro de gas propaxol excavado en los géiseres de Venus,

y quema los prados en su vuelo rasante, aniquilando las florecillas rosas, celestes y gualdas.

Sus ojos fluorescentes alumbran la noche como dos malsanas estrellas verdes, reconociendo los montes en busca de rebeldes mutantes que exterminar con sus cañones de plasma, sus balas guiadas por rastro de calor e inteligencia crítica.

Programado para perseguir cualquier indicio de humanismo, cualquier tropelía mística, lo dejo suelto y parte a incinerar libros de poesía, soñadores y heréticos veganos.

Fabricado en serie en los muelles orbitales de Daesong Industries & Weaponry, Platero es la perfecta máquina de odio-muerte, es la ausencia de vida, es la aleación pura y el puro fuego de altos hornos y ruedas de oruga quebrantahuesos.

Sumergido con su trotecillo alegre en la masacre, las placas de su fuselaje cubiertas de carne ojos y sesos desmenuzados, entre el zumbido de las sierras semi-automáticas y los cañones de púas, parece que se rie en no se qué cascabeleo ideal…

Todos, arrodillaos ante el poder terrible de Platero, suplicad por vuestras vidas miserables, no levantéis la mirada del suelo sepultado bajo los huesos de vuestros seres queridos.

Llorad, pues Platero desea vuestras lágrimas, desea vuestra sangre y vuestros primogénitos no-natos.

Rogad a vuestros dioses caídos, desterrados al polvo por la producción superior de Daesong Industries & Weaponry. Y larga no vida, y larga no vida a nuestros amos de Daesong Industries & Weaponry.

-Fin del comunicado. Sumisión inmediata, exigimos sumisión inmediata-.

«Platero» Antonio Sancho.