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Selección de Obras de Daniela Brill Estrada

Crítica a la obra
This kind of bird flies backward, 2021
Daniela Brill Estrada

David Caramazana Malia

No es nada nuevo que la literatura y la pintura se complementen para crear una obra que estimule la imaginación del espectador (la crítica suele recurrir a la célebre cita de Horacio: Ut pictura poesis). Tampoco lo es la búsqueda de los límites entre el arte y la ciencia: la disputatio entre artes liberales y mecánicas viaja por toda la Historia del Arte y la Ciencia hasta las vanguardias históricas, del lado artístico, y los artículos de Albert Einstein de 1905, del lado científico*1. Con todo, no sería correcto entender la obra de Daniela Brill solamente como un capítulo más en estas longevas trayectorias creativas.

Daniela Brill Estrada, nacida en Bogotá (Colombia, 1989), es maestra en Arte y Ciencia en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena (Austria). Pertenece al grupo Suratómica*2, con clara proyección a difundir nuevas formas de diálogo entre diversas áreas de conocimiento. Su tesis de maestría The Force of Embodiment / La Fuerza de la Encarnación (2019) ha profundizado en los límites entre el arte y la ciencia. A través de esta indagación teórica, centrada en la física de partículas y la cosmología, su trabajo comprende varios niveles de lectura interdisciplinarios.

Aunque parezca que no puede haber más ingredientes, Brill explora dicho campo creativo añadiendo otras intencionalidades. La obra que recoge el presente número de Zéjel corresponde con una revalorización hacia las mujeres que nutrieron el movimiento Beat Generation. Las imágenes que componen la exposición «This kind of bird flies backward» (2021) evocan tanto una poesía visual, como una poesía literaria, fundiendo en los dibujos letras de escritoras no suficientemente reconocidas del movimiento Beat*3. La recuperación de estas mujeres ya fue augurada por Gregory Corso en 1994: “En los años cincuenta, si eras hombre, podías ser un rebelde, pero si eras mujer, tu familia te encerraba (…) Algún día alguien escribirá sobre ellas”*4. Ese momento ha llegado.

La división entre arte y ciencia ha sido siempre uno de los campos de debate más fructíferos. No obstante, hay dos caminos para explorar esta supuesta división: desde el arte hacia la ciencia, o desde la ciencia hacia el arte. Por poner dos ejemplos españoles, Salvador Dalí representaría la primera vía, pues desde el arte perfilaba nuevos conceptos de la física y del psicoanálisis de Sigmund Freud. Antes de él, Santiago Ramón y Cajal, en una exploración inversa desde la ciencia médica hacia el dibujo anatómico, formulaba la primera hipótesis seria sobre las neuronas cerebrales (de ahí que se le conozca como “el padre de la neurociencia”).

¿Fue Cajal más artístico que Dalí? ¿Fue Dalí más científico que Cajal?
Por su parte, Leonardo da Vinci, sería el paradigma o la bisagra entre ambas disciplinas. Su clara faceta de científico experimental a través del dibujo (recordemos sus famosas anotaciones sobre el movimiento del agua o del vuelo de los pájaros) lo sitúan en la cumbre de las propuestas universalistas de su época (l´uomo universale). Sin embargo, en la misma época de da Vinci, un portugués como Francisco de Holanda que se había desplazado hasta Roma para conversar sobre el noble arte de la pintura con Miguel Ángel Buonarroti, dijo: “todo lo que el pintor puede realizar fácilmente en su obra, el poeta no lo podrá nunca conseguir sin caer en el detalle prolijo y la confusión”, reflexión sumamente sugerente. El divino Miguel Ángel añadió que “el dibujo, es la fuente y el cuerpo de (…) todo género de arte plástico, y la raíz de todas estas ciencias”*5.

Más allá de la aceptación-discusión que podemos mantener con cada postura, lo realmente interesante del trabajo de Brill es que nos encontramos ante un camino inverso: de la materia al papel, de la imagen a la letra, de la imaginación al lenguaje, de la vista a la consciencia, y de ahí, a la asociación de ideas. Se trata de una original búsqueda de nueva comunicación. No se comprende la temática como un todo desde el principio, como pudieron hacer un Sandro Botticelli a la hora de crear composiciones basadas en las obras de Ovidio (La Primavera, 1477-1482) o un William Blake ilustrando la Divina Comedia de Dante (1824-1827), sino desde la propia materialidad de los elementos químicos, la exploración estética y su conjugación para crear diferentes formas abstractas*6.

¿Se puede entender, por tanto, que Daniela Brill pertenece al grupo de creadores que parten de la ciencia hacia el arte? Desde nuestro punto de vista: no exactamente. Sus propuestas se hallan íntimamente ligadas y no se puede entender una sin la otra. De esta manera, si para Immanuel Kant el concepto -conocimiento o idea- venía a ser el límite del arte*7, en «This kind of bird flies backward» concepto y arte se funden, pues ambos emergen de sus composiciones como formas de reconocer el mundo y de representarlo.

Brill se adentra en un camino que de momento no tiene respuestas o conclusiones, solo nuevas maneras de desarrollar la creatividad humana en relación con la naturaleza y el finito non finito de la materialidad de la obra creativa (artística o científica). Sus dibujos son una sinfonía imaginativa, un delicioso alimento para los conocedores de la Historia del Arte y, sin duda, para los científicos que escudriñan nuevos caminos para entender el universo y la materia; en fin, para los que buscan inspiración.

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