Cultura visual – Quiao Maomao. Comentario a la obra: Narciso Raffo.
Cultura visual
QUIAO MAOMAO
Comentario a la
Selección de obras de Quiao Maomao
por
Narciso Raffo Navarro
Conexiones entre naturaleza, cuerpo e identidad a través del tatuaje – Panteísmo en la obra de Mao
El arte del tatuaje ha evolucionado de ser una práctica ancestral a convertirse en una forma de expresión contemporánea, donde el cuerpo se vuelve una especie de lienzo capaz de narrar historias personales, culturales e incluso mágicas. Este fenómeno, que trasciende fronteras geográficas y temporales, encuentra en cada tatuador una voz única que refleja una particular visión de lo que el tatuaje significa.
En medio de la avalancha de diseños que el algoritmo de Instagram me ofrece a diario —algunos de los cuales guardo con gusto y otros descarto con desdén— me encontré, por pura casualidad humana, con una tatuadora que desde el primer momento me pareció distinta. No solo por su estilo único y reconocible, sino por la verdad que pude percibir en sus obras. Por primera vez un tatuaje me hizo reflexionar a un nivel más profundo, como suele suceder con otras formas de arte que consideramos «más solemnes».
De pronto, comencé a pensar en la fuerza de la naturaleza, en la potencia de un tigre, en la inteligencia de un ave o en ese heroísmo vegetal al que Clara Llano hace referencia en uno de sus poemas. También pensé que toda esa energía es susceptible de ser transmitida y que tatuarse puede volver a ser una forma simbólica y poderosa de conectar con lo sagrado.
La obra de Mao se nutre de una rica herencia que abarca desde los grabados de las dinastías Wei del Norte y Han hasta los murales de Dunhuang. Su conexión con su tierra natal se hace evidente en la presencia de diversos elementos simbólicos, tales como los caballos, que durante siglos han sido parte fundamental de la identidad de su pueblo.
Algo que llama especialmente la atención al observar su obra es que el objeto central, a menudo animales o formas vegetales, no se presenta como un espacio negativo sobre el lienzo —como es común en la mayoría de tatuajes— sino que estos elementos están integrados en un contexto mucho más amplio, donde predominan formas geométricas, elementos de la naturaleza, fondos terrosos e incluso marcos irregularmente definidos. Esto dificulta la apreciación de qué constituye exactamente el tatuaje o, más bien, qué queda dentro o fuera de él.
Da la sensación de que sus diseños no están concebidos para ser meras decoraciones en la piel, sino que poseen una energía poderosa, casi intrínseca. Para ella, cada diseño lleva consigo un propósito, una energía que busca vibrar en consonancia con quienes los portan. Esta búsqueda de significado a través de lo corpóreo se refleja en cómo aborda la composición de sus obras. La tendencia a romper con los límites tradicionales del tatuaje, la confluencia de elementos que acompañan la figura o tótem principal, nos sugiere una concepción amplia y panteísta de la naturaleza, donde lo sagrado y lo terrenal coexisten y se retroalimentan.
Cada trazo y color son el resultado de una cuidadosa reflexión sobre el paso del tiempo y la pervivencia del arte a través de él. La elección de tonos terracota, por ejemplo, evoca los colores de los murales antiguos, los cuales, como indica la artista, parecen alcanzar el culmen de su belleza cuando el paso del tiempo se hace evidente. Esto, trasladado al cuerpo, nos ofrece una visión metabólica y visceral de la creación estética. Es aquí precisamente donde Mao encuentra el verdadero sentido de expresarse a través del tatuaje: el hecho de que un mismo diseño se vea diferente en cada piel; saber que su obra está, en un sentido literal, viva y en constante cambio junto con la persona que lo porta.
A través de su trabajo apreciamos una reivindicación de lo natural frente a una humanidad a menudo demasiado centrada en sí misma. Con cada tatuaje, Mao establece un lazo que va más allá del acto físico: se trata de una experiencia compartida que incluye no solo sus vivencias personales, sino también la de sus clientes. Pues es a partir del encuentro entre este y la tatuadora cuando empieza a gestarse la forma final del diseño. Este enfoque multidimensional transforma el proceso del tatuaje en algo más que un simple servicio, creando un espacio donde la creación artística es inseparable del diálogo y su carácter emergente.







