Listado de la etiqueta: Poesía 9º Número

I.
Al fin la lengua hablando de la lengua
blando sobre sólido al fin saliva
nácar, ascua y luego
perla: poema o círculo.

II.
La semana lleva oculto en su centro
un estómago miércoles
una bilis dorada. Una imagen:
todavía los niños olvidan abrigarse
en las tardes vacías del otoño.

III.
Imaginar: re
construir en imagen encontrar
la joya-redondez de la escritura.
Escribir un poema es defender
una idea cualquiera de las otras
y adorarla después y para siempre
descuidar su recuerdo en una esquina.

Eladio González
.

Parte I
Asomando entre los juncos
Gitanilla de Bengala
Ha venido a por limosna
Al templo de Virupaksha
Un amanecer oscuro
Sus ojillos esmeralda
Han perdido sin querer
Una inocencia ensoñada
Entre matas de romero
Y limones verdeagua
Pues soñó que el elefante
Trompa caliente del alba
Encinta dejaba su cuerpo
Y ahora su destino aguarda
Siete chamanes respiran
Y el humo del Himalaya
Les anuncia que va a venir
El útimo bodhisatva
Nunca se halló en la piedra
Más colorido mandala
Que aquel elefante blanco
De cabecita rosada
Porque al séptimo día
Serás madre de Gotama
Ocho señales divinas
Y una cama de guirnaldas
Crecerán flores de loto
Allá donde el mundo aguarda
El amor pinta en el tiempo
Espirales para amarla
Así es como nace el eje
Sobre el que la luz descansa
No me llores hija mía
Con esas caderas de bronce
Vas a ser reina de Hungría
¡Ay mi cuerpo de niña,
Mis caderas tan gitanas!
Mis piernas de roca negra
Que a martillo cinceladas
Con tres soplidos del cielo
Y una punta de esmeralda.
Antaño bailaba desnuda
Y la selva me arropaba
Ahora siento el calor
Entre mis piernas templadas
Huye mi mente de ellas
Y mi cuerpo las desata
Fantasías de la mujer
Que a la chiquilla espantan
No llores pantera del día
Que con esos pies descalzos
Llegarás hasta Andalucía
Resonando su pandero
De la jungla ya sombreada
A las puertas de la ciudad
Donde el inglés avasalla
Se le antoja el tintineo
Las cadenas de una esclava
¡Y va corriendo a buscarla!
Con un reloj y una bala
Y antes de la medianoche
Madreselvas ya brotaban
Y el soldado, ya sonríe
Mueca negra y afilada
Y el pandero cae al suelo
Y se rompe de escarcha

Parte II
La Luna del río tiembla
Triste nenúfar de plata
Corona abierta de nardos
Con mariposas heladas
No me llores rosa pura
Bajo tu falda de sueños
Veo el Jerte de Extremadura
Verde que te quiero verde
Los gitanos de la cava
Le cantan a su reina
Por más de una semana
Y le sueñan un palacio
Cual Alhambra de Granada
Jesús de la Rosa y un Vargas
Le lloran por seguiriyas
Unos mantras ancestrales
Amargos de salivilla
La elefanta del templo
Bajó la escalinata
Con la gitanilla a cuestas
Ésta vez en una cama
Ya las maderas dispuestas
De tan funesta fogata
—Lo que se lleva el río
Vendrá de vuelta mañana—
El niño mira la acequia
Con la frente aureolada
Zumo de pomelo corre
Por su carita sagrada
Maribel ya va solita
Hacia el cielo de Triana
Las siete lenguas de miel
Por su sueño la levantan
Pena negra y siempre sola
Y en la mano, una naranja.

Miguel García Cantera.

la palabra es el modo de disección
más brutal y cuidadoso
en este jardín de la lengua me siento
a salvo porque aquí puedo fingir
lo salvaje

Iria Fariñas
.

I.
yo lo que quiero la verdad
es que la belleza sea punzante
dijo tal vez febril y el mundo
obediente la atravesó por su centro
hasta que solo quedaron márgenes
II.
así se apareció el ritual
al fin de nuevo
dijo tal vez febril o fosforita
toma mis restos
lo que queda es la clave
III.
la otredad miró los restos
[las muñecas un pelo convertido en nudo las flores secas entre acepciones significativas
del diccionario la sensación de noche (que es tan diferente a la noche en sí)
el enjambre chiquito que a veces se asoma a los ojos el pañuelo abandonado
en escombros la lágrima el poro]
y se consumió de pura evasión
¿sin otredad
sin su idea ahora
qué queda del límite?
IV.
nos importa la magnitud
de las cosas / sus límites
porque nos inquieta la caída
V.
si ahora todo son márgenes
¿cómo se nombra un precipicio?
VI.
de lo punzante nadie
recuerda antes el brillo
de lo afilado que el dolor
¿ayuda el dolor a fijar la belleza?
quiero creer
que no luego
me descubro ola
que no rompe
VIII.
si el centro es núcleo / grito / cráter
¿no serán las lindes más acogedoras?
mira como la sombra se disuelve
dijo tal vez febril y el mundo
recuperó su forma para dejar paso
a una línea tan fina que no cabe en la memoria
IX.
la línea finísima que ni es sombra ni deja de serlo
en el lenguaje equivale a una pregunta
pregunto pregunto pregunto
para impedir que se defina
la verdad
X.
la fiebre es también un modo de permanecer en el límite
mira cómo bailo dijo mientras todas la rodeábamos
y supimos (ay cómo supimos) que el margen se expande
así como el centro se esconde / ¿y el mundo qué?
el mundo gira para impedir la certeza
¿qué hará un dardo sin diana?

Iria Fariñas
.

Y de un banco en el parque hemos hecho otra casa
con flores amarillas, donde poder besarnos,
y seguir besándonos, felizmente salvados
de falsos compromisos
Gabriel Celaya.

Quisiera dejar mi cuerpo florecer
en tu jardín,
junto a la ardiente amapola
de corazón ensombrecido,
dejar que las madreselvas se apoderen
tímidamente de mis manos,
y que los frutos maduros caigan
sobre mí como gotas de lluvia.
Quisiera que el alcornoque
no vacile de mi presencia
y me acune fielmente
en su aligerada sombra,
que el silencio,
imprudente, se asiente
sobre este jardín, ya tan
tuyo como mío
y me deje ser, sobre esta
estela de calma, parte
de la vida y la muerte
que alberga.

María Benages.

Voi sapete chio v’amo
Madrigal cantado por El Tañedor de Laúd de Caravaggio.

No he sido la primera, lo sé,
la mesa tiembla soporta
el peso de varias partidas,
los últimos besos de un nuevo amor,
el llanto de una niña bilingüe,
las sandalias que dejaron olvidadas,
las facturas destinadas
a extraños que aún
siguen llegando.
Y sin embargo
me son ajenos
todos estos muebles;
la TV me la dio Jesse,
Laura trajo un dresser de la basura
y la cama estaba ahí,
tambaleándose, también
coja. Todo es frágil
en este hogar de polvo y plomo.
Me habitan los silencios —
Casandras — huellas — ecos
de un suelo encantado
de recibir a otra
extranjera.

María Benages.

¿en qué momento coincide el tiempo?
dos miradas
que dibujan una línea
que cruza una habitación
en una casa de barro.
cuidá
ese pequeño aleteo.
no lo digas en voz alta.
es un secreto.

María Catalina Jiménez.

me desvela
la lluvia
la luz
tu voz.
si te escucho,
antes de cerrar los ojos
es casi como si estuvieras acá
así que apago la luz
para escucharte más cerca
y soñarte más rápido
pero la dulzura
se te mezcla con tristeza
la mirada se te mancha de café.
una tarde te vi feliz.
pero solo hace falta una tarde
para que la historia
acabe en precipicio.
solo un atardecer, para que el beso
se suicide en otra boca

María Catalina Jiménez.

cada mes y objeto cuentan una historia
cada mañana es una miniatura distinta
que hace del tiempo algo ordinario
/ la colada tiesa se agrieta entre los dedos
y abre la carne como un cuchillo
/ a membrillo huele el otoño
y un membrillo caído nunca es hurto
/ entonces
si conoces la morfología de una manzana
deja reposar el fruto helado sobre la mesa
deja que se ablande la carne
y ocupemos el tiempo bajo la piel del cordero
a veces con un canto, a veces con un lamento
para que cuando llegue enero
recordemos el sabor de los días pasados
y la brevedad porosa de la tarde
/ sabes qué
es así como mi lengua aprendió a jugar con el hueso
sin miedo a atragantarse

Valentina Paolini.

aunque el hambre se rige por los tiempos de las frutas
el sabor de la cereza es un vicio de infancia
que se hace vieja costumbre
/ es ahora que los perros pastores, vacas y bueyes
entienden por qué tienen los nombres de las flores
es ahora que aprenderás a hablar a los animales
y te mostraré que están tiernas las hojas de parra
ahora que es mayo puedo llamarte amor mío
puedo decirte que soy abundante y ardo profunda
como arden los primeros brotes bajo los costillares de la tierra

Valentina Paolini.