Zéjel. Revista de arte, literatura y pensamiento.

Nº7 – Mayo 2022

(Número on-line)

E-ISSN: 2530-0601

Zéjel cada vez nos es más ajeno. Lo que empezó como un proyecto casi íntimo, ahora amenaza con caminar sin nosotros, ya sabe hablar y quiere tener voz propia. Como un niño que se pierde por diversión en el centro comercial, se nos escapa entre la gente.

Ante esto, solo queda una opción, dejarlo ir. Y para que crezca, compartirlo.

Seis años y siete números de esfuerzos y satisfacciones han constituido lo que hoy tenemos frente a nosotros. Nos ha acompañado la suerte tanto como el trabajo y el celo. Tras el telón recordamos todos los traspiés. Y frente al escenario parece que queda un generoso recuerdo.

A veces, estamos tentados de comentar todos los accidentes que se han dado en esta casa. Para mostrar nuestra humanidad, huir de ideas equivocadas de perfección y permitirnos a nosotros mismos nuestra propia naturaleza imperfecta.

Y aunque en esta plaza vengan otros colegas a dar de sí lo mejor, quiero pensar que seguirá manteniendo el mismo rostro este niño como para reconocerlo en un futuro. Y habrá en él la genética de sus padres, aunque ya haya cambiando mucho por el tiempo.

Yo me rebelo ante los que han intentado desde fuera contaminarnos con la semilla del resentimiento. Porque Zéjel es y debe ser un juego, una amorosa fiesta, pese al inherente esfuerzo.

Si hay algo que valoro de Zéjel es su inutilidad. Y es que lo superfluo, en contra de lo que pueda parecer, es lo más importante. Ahí es donde reside la verdadera humanidad.

Hoy más que nunca debemos reivindicar la labor de lo innecesario, hoy que el mundo se hace gris y tristemente serio por tantas cosas y fuerzas que quieren reprimir lo plural y aplastan la belleza. Lo superfluo, en términos orteguianos, ha de reivindicarse. Lo inútil, lo innecesario es la clave y la gran diferencia.

¿Cómo sería el mundo si hace miles de años nadie hubiera rasgado con conchas la superficie de unas vasijas sin más objeto que la belleza? ¿Si no se hubiera esforzado nadie en hacer del ruido música, del refugio hogar, de la ropa moda? Este esfuerzo en lo incensario, por sí mismo, es lo más particularmente humano de nuestra existencia. Y crea esta segunda naturaleza que habitamos afortunadamente, un mundo rodeado de necesidades inventadas. Inventadas, secundarias, pero a la vez tan imprescindibles para nuestra vida tal y como la comprendemos.

Porque vivir no es únicamente estar en el mundo, sobrevivir, sino bien-estar, estar bien. Y por ello una industria antiquísima se levanta invisiblemente al rededor de nosotros. Donde Zéjel ha de contribuir, siendo un canal para todo lo extraordinariamente innecesario. Sin lo cual, el mundo sería completamente diferente.

«Lo superfluo, en contra de lo que pueda parecer, es lo más importante» Juan Carlos Polo Zambruno.

El niño a mi lado comprende
la infinitud del aire,
por eso juega,
dibuja círculos con índices y pulgares
-como quien mira al telescopio-,
reduce su tamaño.
Observa solo lo que de fuera
deja ver una ventana.
Mete dentro pájaros
y avionetas publicitarias,
captura en su improvisado objetivo
la lentitud de las nubes.
A lo lejos, una luna mate
nos recuerda
las fulgentes bondades de la noche.
Ahora me encierra a mí -que lo miro-
en su pequeño claustro.
Busco alas, motor,
el viento que me saque.

«Madurez» Álvaro Carbonell Cerdá.

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En saltar la tranca

Un desert de coralls prohibits,
esquitxos de cendra.
Llençols de cargols i petxines,
barreja d’aigües dolces i salades
de terrenys sorrencs i argilosos,
canyissars, joncs,
inundacions permanents o ocasionals.
Som aiguamoll i sól llimós
sorrals costaners i lliris de mar,
m’enfonso en l’esqueix de la teva pell,
pins pinyers que sobre les dunes descansen,
onades esberlades en engrunes d’escuma.
Cors de ruta migratòria,
arrossars i ànecs blancs,
perdius i serps d’aigua,
llúdries, flamencs,
ullals de nenúfar.

En saltar la valla

Desierto de corales prohibidos,
salpicaduras de ceniza.
Sábanas de caracoles y conchas,
mezcla de aguas dulces y saladas
de terrenos arenosos y arcillosos,
cañizares, juncos,
inundaciones permanentes u ocasionales.
Somos humedales y suelo limoso,
arenales costeros y lirios de mar,
me inundo en el esqueje de tu piel,
pinos piñoneros que sobre las dunas descansan,
olas rompiéndose en migajas de espuma.
Corazones de ruta migratoria,
arrozales y patos blancos,
perdices y serpientes de agua,
nutrias, flamencos,
colmillos de nenúfar.

«En saltar la tranca / En saltar la valla» Albanie Casswell.

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esta herida persiste
en el tronco de los álamos.
era feliz
cuando el mundo medía,
exactamente,
lo mismo que la mano de mis padres.
recuerdo el campo,
preñado de amapolas,
centeno y girasoles.
jugábamos a encontrar cuarzos
en las orillas del río,
a lamer las piedras de sal para el ganado
a remover las aguas de la acequia,
a mantener ocupadas las largas horas de la infancia.
hemos crecido,
el mundo ahora mide
-exactamente-
4,7 pulgadas
y los árboles
ya nunca volverán a ser tan altos.
con todo,
me consuela saber
que el amor aún perdura
en la memoria de las flores.

«esta herida persiste» Carlos García Mera.

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Quisiera despertar imaginando
una sucesión de letras que recuerde
a una verdad estoicamente nuestra.
Una rapaz de gran envergadura,
planeando el furor que apenas toca
por no quemarse torpe con su orgullo.
Así escribimos lento y elocuente,
domesticado el ave del idioma.
Pareciera que hablar es juego fácil
y no el zumbido lleno de pavesas
en el terco avispero de los labios.
Una desangelada música
que ya no usurpa el trino de la aurora
rasgando como hierro incandescente
sino que es óxido, carbono y clavo
para no recordar que el cielo es negro
y que el azul guardaba nuestra voz
y la gramática obsoleta del tiempo
fuera del tiempo: el habla que no dura
porque es habla, y no el ave
fatal de la memoria.

«Quisiera despertar imaginando» Isabel Hernández-Gil Crespo.

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El café silba, color de ojo de tigre,
llena el vaso de un solo uso.
Alguien lo tapa pronto para que no se enfríe.
Las monedas contadas
a cambio del cetro de la mañana.
Alguien doblará el vaso
como si estuviese hecho para doblarse y desaparecer,
como si aquel gesto pudiera hacerse
sin magullarse el escrúpulo, pues
quién negaría este orden,
este límpido mandamiento humano
que encubre cualquier otro orden
inabarcable.
Mira en tu mano el asa:
mecanismos de guillotina.
Escucha:
hoy crecen despojos irrompibles en el sitio de las flores.
Se inquietan los circuitos de lo que antes dormía impasible.
De petróleo en llamas será su memoria.
Sombra densa, envilecida,
cubriendo lentamente la agonía.

«Despojos irrompibles en el sitio de las flores» Laura Riera Forteza.

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Ver cómo se aproxima la hora tonta,
el sofá magullado igual que las rayas de aquel artículo
en prensa, el cielo impredecible
con el perro delante lamiéndose las patas.
Ralentizar la pausa y recordar,
cuando busco la paz de los ojos cerrados,
el abuso que hago de este verbo.
Amagar la lectura —qué diferentes los momentos
para leer y escribir—… y tener sueños nítidos.
Intuir que afuera sigue el tráfico
y que los detectives se mojan las chamarras
por puro vicio a esta ciudad.
Notar naufragios de descansos viejos
clavándose en mi espalda
y retomar la vida apenas donde la dejé.

«Nona» Sesi García.

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Una turista sevillana amamanta a un bebé
nigeriano que llegó a Barbate en patera.
(El País, septiembre de 2002)

Qué animal se bebe la leche de otro animal.
Qué animal ahoga en salmuera a quien se bebe la leche
del otro. Qué animal obstruye los conductos de la leche
que de vientre a vientre despinta en el agua salada.
Qué animal es tan animal, tan sólido, tan vertebrado.
Cuando pase el verano y cese la lactancia,
en un pedestal de animales que no admiten animales
la pregunta: qué animal cubrirá los pezones de Isabel,
arrancará sus tetas de la arena, marmoleará de sangre cada gota
de la leche reclamada. Saboreará la carne del animal
más pequeño, depredará su ahínco, esconderá la leche,
replicará vegano la carnívora intención del animal.

«Yoice» Francisco Javier Montoro.

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Sumergidas las manos
en agua caliente, escucho:
no un estallido, el fin del mundo
será poco a poco.
Me rodean las voces
de la radio y esta primera
luz de la mañana.
Pienso en todo lo que en la vida
se irá apagando. El naranja
ya gris de los duraznos que esperan,
las brasas, tu voz, en algún momento
mis muslos tranquilos. La inercia
del movimiento y el calor en los cuerpos
de los animales salvajes. ¿En qué punto
de la línea del tiempo podremos
señalar el fin de algo, los elementos
precisos y sus contornos?
Mis dedos se ablandan, la luz
ya no baña lo mismo que antes.

«Sumergidas las manos» María Vañó Ferrer.

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No hay en esta casa
rincón alguno que sacie
el murmullo de las horas.
Los grifos se consumen
a la espera de una aguja
que pespunte el placer.
Nadie sabe
qué pide la garganta.
El origen de esta urgencia
que hormiguea la voz
radica en la carne
o quizás
en la dejadez del tiempo
sobre la piel abatida
en la escarcha.

«La sed» José Olmo López.

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Mamá guarda en su lengua
una madeja.
La palabra cosida en su boca exige
volver
al lugar
exacto.
Recordar es
trenzar
fuertes bridas
enseñar
a la mano ciega
a guiarse en el silencio
porque aun habites tu casa
el dolor está dentro
pero mamá dice
no temas
a la profundidad de la memoria
la muerte es
e l h i l o
la marca de haber estado.

«Hilos» Enriqueta Ulzurrun de Asanza y Vega.

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la sangre serena ante los grillos,
como espejo de luz
la superficie líquida: dientes de gotelé.
imagen inmóvil excepto el río
Paciencia, heroísmo vegetal
quién puede decir que el monstruo
es de carne latente
quién imagina la circulación congelada
quién explica el mordisco letal
de un enorme feto ahogado

«cocodrilo» Clara Llano.

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l
me esperas
ansioso
en el vientre
pero yo no puedo recibirte
no existen el pan
ni los abrazos

ll
cómo escarbar en las entrañas
encontrarte
en el abismo de lo sólido
decir sí
estoy contigo
precipitarme a lo llano
no tener miedo
de buscar el sustento
entre las vísceras

lll
jugar
en las entretelas de lo blando
exponerse a la luz
de lo oscuro
correr al sinsentido
cuando no se pidió nacer

«Génesis» María Fernández Albarracín.

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Para que tú existas
con todos los músculos
adheridos a los huesos,
introduzco tus cenizas
en el interior de mi vientre.
Sólo ahí eres posible:
musgo caliente,
detritus de hojarasca.
Sin cuerpo, me desciendes,
como lava recién parida.

«Sólo ahí» Marina Serrano.

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I
Así
me presento ante tus ojos:
dos pies de barro
y las manos sucias, cubiertas
del vino que derraman las bayas,
del higo arrugado,
rescatado
del último huerto
que planté para ti.

II
solo queda un hueso
entre la hierba: brilla único en la noche.
me pregunta él
si no me he cansado del dolor,
del bosque de agujas mentirosas
y de una caminata apagada en la que no hay nada
y no existo.
mira:
está en este hueso el brillo lunar
y una tristeza envenenada
a la que siempre gano el puño.
la victoria infectada
sigue siendo victoria.

«Así» Paula Pérez Rey.

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¿vi a mi abuelo
comer higos alguna vez?
acaso fuimos una familia
en el límite del verano

«¿vi a mi abuelo» Carla Santángelo Lázaro.

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cuando mi abuelo comía higos
era como un sueño
los dedos machados
sobre el plato
agosto
el sol
volvía transparente el agua
de la piscina
he olvidado por completo
su voz
a veces imagino que vuelve
de cuclillas
enciende el fuego
volcado hacia el vacío
mi hermana y yo
miramos su figura
de espaldas
le pregunto en nuestra lengua
què diries ara?
potser res
però si fora una paraula, només una?1
olivo
atardecer
pino
casa

ja sou dues dones
escolteu:
no hi ha res més després de sa mort
només noltros una altra vegada2
dejo dos plantas
sobre la tumba
con un trapito cuidadosa
quito el polvo
de su nombre

tomo notas para él
como si pudiera ver algo
un pedazo de cielo
sus ojos
cada árbol plantado
tierra adentro

ahora lo sé
mi abuelo está más vivo
en la escritura
de lo que estuvo
en la vida.

«cuando mi abuelo comía higos» Carla Santángelo Lázaro.

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Esto dije y no me arrepiento:
“Arrugado estoy” y sigo,
como el mantel de un bar
a medianoche.
También tú, quieta,
viendo pasar a los ciclistas
al otro lado del río,
gritando canciones
que no escucharemos juntos,
que no volverán a verme.
“Quiero parar de golpe”
dije también,
ya vendrá después el ruido,
la escarcha,
la grasa cristalina, mírala,
manchada de sangre
y de arena
y al final el hambre,
siempre el hambre,
vendrá seguro
cuando pase todo.

«Fue así» Manuel Pérez Matesanz.

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[Premier Deuil; Bouguereau, 1888]

donde los cuerpos caen
uno de otro
y la mancha pálida
su despertar rebusca;
es ese llanto por la tierra
que te olvida
–sedente,
una mano turbia
ya
fiambre.
“Abel,
comiénzate.”
mas no hay transposición
ni hay órgano.
“también los hijos mueren”
dice Aquel
que revuelve el cereal
en búsqueda de agua

«Todos los hijos» Aitana Monzón.

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también es este Rothko brecha en su misterio;
¿los besos de Cernuda medraron tu sofá, Desperatio de cabra y pajarillos?

encina del querer: beberse en la tibieza este susurro [líð],
igual que en las misivas gritabas amor fosilizado (cuerpos de aquellos siglos)
vibrando hacia mi peso con tu peso.
con esta rama de olmo hacia qué herida, por qué mi edad
no fue ya suficiente, o así llegarse tarde hasta el amor
y sus derribos –preguntas cavándote las palmas.
te dije: morir es un correr del niño entre gramíneas,
canto escupido del gorrión: vertical contra su nuca


[ silencio ]


parálisis_detodo _

( )

in–aequi–librio


tu voz detrás
del cielo y su promesa; vientre frío llevado [ahónde] por la nada [ahónde].
es por ser noche: dices; qué poco enmudecemos a la noche
dichosa lumbre que silva en tu sofá porque es noviembre
y cómo arañan pálidos de sangre los higos soleados cayendo hacia mi centro:
(calor como bancal que no te di)
En el monte gramíneo veréis al ruiseñor /

«Thérèse revant – II» Aitana Monzón.

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Al oír tu nombre,
siento lo que el marfil de los elefantes
cuando se duermen bostezando.
Rodeados de un cuero terso, son
como mi palabra
seca sin la tuya,
o boca vacía
de tenues algas.
Si no me hubiera equivocado,
habría seguido
tus líneas con mi mano,
te hubiera seguido acechando
tu rostro, como de harina,
henchido por mi salitre.
La soledad,
solamente la soledad
me devuelve tu marea,
con la resaca ígnea
de tus ojos verdes.
Y te veo aquí sentado,
moteado de saliva,
bordado por mil agujas
que no son las mías
y en cambio se parecen
a las mismas
de mi dolor y de mi deseo.
Si es que son cosas distintas.

«Al oír tu nombre» Enol Vigil.

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Era el año del tigre en el calendario
chino
ibas a la colina a cazar para nuestra futura
familia
olías a agua con cloro y a sofrito casero
y me decías en qué calle vives cuál es
tu casa
quién de todos es tu abuelo
esos son tus gatos o del vecino
le rezabas a un dios
para mí
animal desconocido mi mitología era otra
tu imagen
-arrodillado-
era una estampa que me hacía reír
me prometí no regresar
para besar
el pringue
la súplica tu desconsuelo en las noches más frescas de verano
cuando el jet lag me mantiene despierta
comprendo
la promesa incumplida también yo siento el abandono
tu lamento
de niño burbuja
niño aceite empapado en lodo:
te dejé sin herederos.

«1998» Celia Martínez Sáez.

Logo Zéjel

a ver cómo te explico
yo esto querido
fuimos felices muchos
años pero ahora
apenas somos
un soplo de viento
que amenaza la grieta
de una ventana
no nos culpes
apenas intuíamos
el desfase
no imaginábamos
qué queda
entre dos cuerpos
que se aburren
no voy a olvidarte
me llevo tu huella
aunque ya no necesite
el resto del conjunto
no voy a olvidarte
aunque ya no te recuerde
y los limones ya no evoquen
mañanas de guijarros
en los que resbalar
y sostenernos

«citronela en el freno» Iria Fariñas.

Logo Zéjel

Nace la caricia engendra el beso
brota el surco mana el agua
amanece su deseo se propaga
sin cesar hasta agotarse
el río se retira: no sus dedos
el beso se retira: permanece
la piel húmeda en su dorso
es deseo consumado
caricia del labio
y la tierra con su boca embrionaria
el fin del deseo es el deseo
un beso nace de una brisa un precipicio
la ventada que acaricia los sensores
bate cuerpos ateridos en la noche
muerte lenta de un olvido congelado
en las manos el calor de las certezas
se disipan de tan secos los seísmos
unos ojos como ramas al desnudo
sus dos labios son raíces destrenzadas
buscan aguas en la sed de los convulsos
un torrente de silencios abismales
no regresa
qué beso estéril nació de qué viento inerte de qué cumbre

«Contracción» Cristina Girona.

Logo Zéjel

I
Me miras, con los ojos del niño
que ha perdido la infancia prendiendo arrayanes
que domina el fuego pero no sabe nada
del mundo de los hombres.
Tienes una duna inmensa en el dedo
hemos envejecido cincuenta años de una ola
y este sol ya no nos perdona la desnudez
nos despelleja el sexo, ahuma las extremidades.
Me pides que te cuente un cuento yo estoy
leyendo a Anne Carson / ocupada
buscando la estructura en la que encajen
el tiempo y las gotitas que se te caen por la nuca.
Mañana serán otras, pienso
el sudor será distinto las gotas sabrán a hierro
ya no será el misterio del escarabajo y el desierto
sino de la semilla, la hoz y el habitáculo.
Los martes son el domingo de las espaldas encorvadas.
¿Coincidiremos pronto? ¿pondremos las manos
en la misma arena? ¿podré ver la sombrilla la luna
la nevera mis pechos en tus gafas de sol?
¿alguna vez volverá a
temblar el labio
cuando estrechen tus dedos mi cintura?

II
La primera vez que vinimos a la playa
pisaste un erizo oculto en la roca
no querías llorar, pero te redondeaban el rostro
carreteras de lágrimas silenciosas
mientras te iba sacando una a una las púas
mientras te iba abriendo huecos en la carne
mientras tus ojos ya no eran tus ojos
eran los ojos de un antílope herido
y mi garganta guardaba toda el agua del mundo.

III
Viajamos a Francia veo mi pelo muy corto
por el retrovisor a través de la ventana.
Hay familias que piden un crédito para ir de vacaciones
pero nosotros no tenemos hijos
entonces, tiene más sentido vendimiar en Córcega
que cualquier parque acuático.
Pienso en el escarabajo que hurgaba la tierra
debajo del esqueleto de una sepia
buscando refugio del sol inclemente
y el instinto me lleva
a abrazar mi vientre ovalado y vacío
por si creciera una vid.

«Tríptico para unas vacaciones tropicales» Ana Cano Pina.

Logo Zéjel

A veces, el dolor del sueño muerde
cuando el aire me sabe a tu apellido,
la brisa se desnuda
y el instinto me empuja hacia tu puerta
bebiendo de la fuente de tus labios.
No cesa el manantial, su caudal poderoso
se desliza en mis dedos.
Sabe que al detenerse
borrará mis recuerdos
de las viejas costumbres, de los sueños de antaño.
Tengo las manos húmedas.
Acaricio las flores
y sin querer refresco
mucho más mi memoria que sus pétalos.
Era otra vez agosto
y el resto de los meses una ausencia
ancha como el verano.

«A ciegas» Antonio José Muñoz Béjar.

Logo Zéjel

I
imagina un bosque una fiesta
fuera tan lejos del cuerpo
luces de neón en la superficie
de los lagos
imagina la noche un ritual
más allá de la materia
bebemos el fuego de las ramas
abrazamos el rastro cristalino
de lo que fuimos
y después solo después
bailamos
inventamos un mundo
de cornalina ruido blanco
para no volver a escuchar las voces
volver a la vida
imaginar un bosque una fiesta
luces de neón en la superficie
de los lagos

II
mi sueño es un ciervo
te digo
árboles fosforescentes
o el esqueleto de un paisaje
mi sueño es una gota de
sangre nitroglicerina
bajo la lengua
tus pupilas dilatadas
esta música que estalla que
tiembla como el pulso de
los cometas
mi sueño es un ciervo
te digo
quiero tocarte devorarte
inventar un mundo de
madreperla
alucinar la luz de tus ojos
dentro de mis ojos

III
y si la noche existe
si los lagos existen
si tus manos son estas manos que
escriben que auguran la caída de
los planetas dime
si la noche existe
fuera tan lejos del cuerpo
cómo diré que mi sombra
es tu misma sombra
que una vez fuimos
un trazo una visión
encarnizada
unos ojos cerrados
soñando con una fiesta
las voces el ruido blanco
luces de neón sobre la corteza
de nuestros cuerpos

«imagina un bosque una fiesta» Iosune de Goñi García.

Logo Zéjel

Se detuvo la palabra.
Otro amanecer desaparece.
Resuenan los pasos en la tierra
de un anónimo cansancio.

Quedarse aquí
es sellar con lentitud
el abandono.

«Se detuvo la palabra» David Conde Vitalla.

Logo Zéjel

I


Los verdes tallos
pálidos tras la nieve:
flor de jazmín.


II


Primeras lluvias.
Al descender, las hojas
muestran la tierra.


III


En esta memoria empapada
por la nomenclatura de las aguas,
siento el húmedo esqueleto de las flores,
escucho el rumor del oleaje
enmudecer contra la orilla.

«Nomenclatura de las aguas» Coral Ling.

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Κακοκαιρινό

Οι θάλασσές μας γέμισαν πόδια
(εμείς αμέριμνοι
παραθερίζουμε
το δέρμα μας καταλαβαίνει
ότι ο ήλιος του απογεύματος
πάει να δύσει
μόνο και μόνο
για να μας φανερώσει το φεγγάρι)
γι’ αυτό και η επιδερμίδα ανατριχιάζει
γι’ αυτό και βλέπουμε αχνό φεγγάρι
έχουμε μάθει να υποθέτουμε
αυτά που υπάρχουν.

Mal tiempo

Nuestros mares se llenaron de pies
(despreocupados
estamos de vacaciones
nuestra piel entiende
que el sol de la tarde
va a atardecer
solamente para mostrarnos la luna)
Por eso se pone la piel de gallina
Por eso vemos una luna borrosa
Hemos aprendido a asumir
lo que existe.

«Κακοκαιρινό / Mal tiempo» Ioanna Lioutsia.

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Θηλυκό

Μια ορχιδέα κόκκινη μες στον λαιμό μου
Ούτε κι αυτόν τον μήνα γέννησα
Είναι που πια κανείς δεν περιμένει τίποτα από μένα

Femenino

Una orquídea roja en mi cuello
Ni siquiera este mes dí a luz
Es que ya nadie espera nada de mi

«Θηλυκό / Femenino» Ioanna Lioutsia.

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Γενάρης

η μοναξιά μου είναι ένας γλάρος
που ψάχνει καταφύγιο στη χιονισμένη πολιτεία
στο κέντρο της δεν βρίσκει τίποτα να φάει – ένα κενό
η μοναξιά μου μια χιονισμένη πολιτεία
σπαρμένη ψίχουλα για κάποιον γλάρο

Enero

Mi soledad es una gaviota
buscando refugio en el estado nevado.
En su centro no encuentra nada para comer – un vacío.
Mi soledad un estado nevado
sembrado con migas para una gaviota.

«Γενάρης / Enero» Ioanna Lioutsia.

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Первое вступление от “Форель разбивает лёд” Михаил Кузмина

Ручей стал лаком до льда:
Зимнее небо учит.
Леденцовые цепи
Ломко брянчат, как лютня.
Ударь, форель, проворней!
Тебе надоело ведь
Солнце аквамарином
И птиц скороходом — тень.
Чем круче сжимаешься —
Звук резче, возврат дружбы.
На льду стоит крестьянин.
Форель разбивает лед.

Primer prefacio a “La trucha rompe el hielo” de Mijaíl Kuzmín

El cielo de invierno aprende a ser
Con el lustre del arroyo ante el hielo.
Cadenas glaseadas emiten
Un tañido frágil de laúd.
¡Dale trucha, corre!
Hasta el sol con su acuamarina
Te ha aburrido ya,
Y la carrera de los pájaros es apenas una sombra.
Cuanto más bruscamente,
Más agudo nace el sonido, el retorno de la amistad.
Sobre el hielo hay un campesino.
La trucha rompe el hielo.

«Первое вступление от “Форель разбивает лёд” Михаил Кузмина / Primer prefacio a “La trucha rompe el hielo” de Mijaíl Kuzmín» Eleazar Muñoz.

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una escolar rimó
que düenos amó
mas más que los düenos
los secretos
piaras de flores
la persiguen
festino les obsequia
cicloramas
yo no sé
dime tú
yo no sé qué rima la mi entraña
yo no sé
dime tú
si aquesta, leonada, es mi entraña
que yo soy
dime tú
la alborozada
que yo soy la escolar que aconsonanta
las monedillas con las abras
monedillas alegres
y la cosa del broche
monedas bravas
yo no sé
dime tú
yo no sé qué rima el rosetón
de la mi entraña
ni mi labio ni el labio
de la ensenada
la ensenada deleitosa
tintiniante
y barajada
que soy yo la escolar que aconsonanta
lo confuso del cielo
lo confuso del cuerpo
lo revuelto del cielo del cuerpo la voirada
los labios sensüales
y la punzada

«una escolar rimó» Berta García Faet.

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I.
recorrer un desierto. marruecos en taxi y. tus labios. el mal du pays, la sed de. espaldas de. males de. países.
dentaduras exhaustivas entre essaouira y fez. ochocientos kilómetros ochocientos prodigios: ipsissima verba (las confesiones nocturnas), ipsissima gesta (el sexo, el desmayo): las tripas del pescado, la pasión de. agosto, la menta, la. gaviota, la escarcha del. sudor.
guiños exhaustivos entre essaouira y fez. palmípedas palmeras que susurran sherezade, eterno amor prosódico que no puedo traducir. ¿cómo decir arena, siempre, asfixia cruda? ¿el piar de las nubes, maraña, densidad?

II.
silencio exhaustivo entre essaouira y fez: camellos inclemencia mar (desgañitado); laberinto, aire-flor y. panorama de arcilla. montículos de moscas enjoyadas: melaza. cordilleras de mujeres drapeadas: escondidas. ficciones etnocéntricas tiznan mi fascinación. pero el resto no es exótico, ni oriental, ni el resto: el cielo desconchado (equus africanus asinus), motocicletas escuálidas (rezos, pan, sordomudos), y el recuerdo (fresco-amargo) del río Oued-Ouzoud.

III.
tus palabras y tus actos: la promesa (eucaristía), la delicia (chapuzón), los horizontes. y delante, el conductor se auto-inflige la cuaresma (el ramadán); tú, de copiloto, duermes, duermes, duermes; detrás, yo sufro, hi. po, escru. to la belleza del. paisaje. ocho horas de fiebre, felicidad, baklavas.
esos dos niños abrazados, espalda con espalda, en el. desierto. la sed. de espaldas. de bienes. de países.
dentro del taxi, esos dos niños.

(2013)

«Postal escrita por las dos caras» Berta García Faet.

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El movimiento artístico contemporáneo que conocemos como “arte conceptual” no deja de incorporar obras. Con la mirada puesta en el futuro, aquel atrevido investigador que se proponga la tarea de reunir y sistematizar la producción artística que logra interpretarse desde este enfoque, estará realizando una gesta a la altura de los doce trabajos de Hércules. Creemos necesario indicar que dentro del arte-concepto podemos incluir desde las ya históricas obras dadaístas de principios del siglo XX hasta el plátano pegado a la pared de Maurizio Cattelan de 2019. ¿Estamos ante uno de los estilos artísticos -si es que podemos definir a este movimiento dentro de la desfasada teoría de los estilos- como uno de los más longevos de la Historia del Arte Moderno? ¿Cabe todo bajo el paraguas de «esta es una obra de arte conceptual»? ¿En qué posición deja al espectador el trabajo de los “artistas conceptuales”?
An Wei (1990), pese a su corta trayectoria, cuenta ya con buena presencia en exposiciones individuales según las calificaciones de periódicos como El País1, encarnando esa rara avis que surge de tanto en cuando, pero que todavía no ha levantado el vuelo. Su producción contiene obras muy irregulares. De manera naif y torpemente ejecutados, Wei promociona unos paquetes de tabaco decorados como -y utilizamos sus propias palabras- “diario personal”2. De reseñable valor, las instalaciones que representan objetos cotidianos adueñándose del espacio a través de su duplicidad, juego de espejos inventados, cambios semánticos en la denominación de lo reconocible y perspectivas, donde destacamos la pieza Porcelana (33×46 cm, técnica mixta sobre lienzo) y la pareja Ratón (146×114 cm) y Toro (27×35 cm). Apuntando alto, se encuentra el proyecto Leviathan, una magna pintura (hemos calculado que hubo de medir 12×30 metros aproximadamente) que ocupó la plaza Centenary Square de Birmingham en el año 2016.
El título es una declaración de intenciones, aunque puede desconcertar a aquellos que no estén familiarizados con el libro de Thomas Hobbes3. Con todo, nos aproximamos en un primer momento a la obra con cierto grado de interés y buena parte de vacilación. Una figura masculina en posición fetal, encogida sobre sí misma y cuyos brazos rodean sus piernas. Sin duda, una posición del todo sugerente y cargada de significación. Replegar las extremidades hacia uno mismo, intentar escapar de los pensamientos propios y tratar de contener ese homo homini lupus est4 que se convierte en la mayor representación del ego humano, bien podrían plantear un primer nivel discursivo.
Si esta obra meramente representara los sentimientos más profundos del artista, el interés del proyecto quedaría reducido a poco más que una anécdota. Ya quedaron atrás las épocas en que traducir los sentimientos de los artistas se consideraban las obras de arte más preciadas5, hoy se necesita algo más. Por otra parte, esta pintura guarda cierto ritmo y sentido estético. Podríamos decir que el maestro Umberto Eco si tuviese que elegirla para incluirla en alguno de sus libros sobre estética se decantaría por la Historia de la Belleza6. Desde luego, no se trata del Hombre de Vitruvio de Da Vinci, sino de una figura que se resuelve de forma realista al emplear las viejas técnicas del escorzo -el codo es el que crea más profundidad- y un leve claroscuro. El atuendo de ropa interior, la naturalidad del rostro y corte de pelo y las proporciones aluden al ser humano contemporáneo. A pesar del simbolismo negativo de su postura, que podría traducirse como imagen representativa de alguna enfermedad mental relacionada con la angustia existencial, la pintura contiene cierto grado de belleza y proporción. Todo el cuerpo queda enmarcado dentro de un espacio rectangular blanco y que en uno de sus lados menores queda rematado con un leve arco. Este borde no encierra por completo la figura, pues observamos el recurso del trampantojo que enfatiza la sensación de profundidad.
Sin embargo, ¿dónde reside el carácter conceptual de la obra? Es aquí donde tenemos que tratar dos cuestiones que no hemos mencionado: la experiencia del espectador y la narración que An Wei ha dejado escrita para dar un discurso determinado de su trabajo. Comenzando por la primera cuestión, hay que decir que la obra Leviathan de la plaza de Birmingham ya no existe. Desde su inicio, el artista planificó que los ciudadanos que paseasen por la plaza, por encima de su obra, contribuyesen a desdibujarla y hacerla desaparecer. Y ahora nos adentramos plenamente en el terreno del arte contemporáneo: la relativa importancia de la materialidad de la obra artística. Entonces, ¿qué es más importante: la pintura creada, las fotografías del proceso de “erosión” o la propia acción -por ende, experiencia- de caminar de los brummies7 sobre la obra en sí?
Para contestar con propiedad a estas preguntas, indaguemos en la segunda cuestión, la narración de Wei:
“Leviathan (…) Es representado a través una figura humana a gran escala que es una referencia metafórica usada por Hobbes para denominar el rol del estado, es decir, el “cuerpo político”. Cada uno de vosotros participáis pasando por encima de él representando la sociedad, que surge según Hobbes a partir de la asociación libre de individuos que deciden ceder su voluntad a una asamblea o un soberano con el fin de garantizar la paz y la seguridad. Hobbes habla de que el todo está compuesto por cuerpos y de cómo éstos se distribuyen dentro de un espacio (…) Creemos que somos libres dentro de un estado democrático gracias al derecho al voto, pero como diría Hobbes, la única libertad que nos queda es la libertad de mover nuestro cuerpo dentro de un espacio delimitado. Vuestras pisadas “libres” e inconscientes sobre el cuerpo del estado borran el ideal mismo de democracia. Si un pez nada en una pecera y se siente libre nunca podrá llegar a mar. El resultado final del proyecto es que todos nosotros participemos con nuestras pisadas borrando físicamente el cuerpo del estado”8.
No cabe duda de que la profundidad de su idea complementa la expresión material y el proceso de desintegración del proyecto, último factor que envuelve el significado final y la experiencia estética de la obra. Por ello, hemos de decir que la obra de Wei ha quedado felizmente complementada en todas las dimensiones elaboradas: narrativa (la idea escrita), material (la pintura), erosiva (documentación fotográfica) y experimental (la acción de caminar sobre ella).
Para ir concluyendo, nos resulta atrayente plantear si algún espectador sin el soporte de la idea escrita por el autor podría llegar a acceder a similar concepto abstracto. Bajo nuestro punto de vista, sí que es realizable el planteamiento de supuestos teóricos similares al que expresa Wei sin su ayuda narrativa, valiéndonos solamente del análisis de la obra y del proceso fotográfico. Por este mismo motivo, creemos que merece reconocimiento su trabajo, porque funciona sin el apoyo argumentativo que nos brinda.
En muchas ocasiones, la cartela explicativa que fabrican los artistas dificulta y obstaculiza la valoración de una obra de arte conceptual. Ni qué decir tiene que en un porcentaje alto de casos en que la obra en cuestión viene precedida por la famosa frase “esta es una obra de arte conceptual”, la única aspiración subyacente es pretender elevar el pobrísimo nivel de una pieza que, ni por asomo, responde ni se corresponde con ese concepto elaborado en terreno literario9.

  1. https://elpais.com/espana/madrid/2021-08-12/an-wei-el-artista-que-se-forjo-entre-rollitos-de-primavera.html. Consultado el 3 de marzo de 2022.
  2. https://wecollect.club/an-wei-tobacco-paintings/. Consultado el 3 de marzo de 2022.
  3. Hobbes, T.: Leviathan, 1651, Ed. Andrew Crooke.
  4. Frase popularizada por Hobbes en Leviatán: “el hombre es un lobo para el hombre”.
  5. Romanticismo, Simbolismo, Expresionismo y Surrealismo fueron probablemente los estilos artísticos que más desarrollaron los sentimientos y pensamientos personales de los artistas.
  6. Eco, U. Historia de la Belleza, Barcelona, Ed. 2013; Ib. Historia de la Fealdad, Barcelona, Ed. 2013.Gentilicio coloquial de los ciudadanos de Birmingham.
  7. https://www.anweiluli.com/leviathan. Consultado el 3 de marzo de 2022.
  8. Recomendamos la tesis que defiende la doctora Paloma Hernández, véase a este respecto su conferencia en: https://fgbueno.es/act/efo178.htm.

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«Esperanzas en el arte conceptual» David Caramazana Malia.

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