Perder la infancia es
convertirse en el sujeto regresivo
que ansía oír las voces adultas
desde el fondo del agua
como un renacuajo
al que las palabras se le escapan
en la infinitud de las ondas.

Es soñar con aquel que solo necesita
estirar su cuerpo a la deriva
para pensar que el trayecto
puede ser eterno en su fluir.

Es seguir las voces,
perder las branquias,
estirar los huesos
y arrancarse los dientes de leche.

Crecer es salir a flote, respirar
y gritar.

«Infancia» Lucía Sánchez.

Como montañas
un recuerdo tras otro
se desdibuja

«Memoria» Celeste Miranda.

Salimos las dos
en este álbum sin fotos
desmemoriadas

«mer /mère» Celeste Miranda.

alguien nos daba un cubo de agua
y luego trotábamos alegres hacia las hileras
con las últimas fresas

el regalo era comerlas allí mismo:
el presente era lo único que teníamos permitido

las cogíamos con temor a perderlas
como si apuráramos siempre agosto
al final de un camino seco

hundíamos la mitad de nuestros dedos
con las tardes cortadas entre ellos
y nos las llevábamos a la boca

un jugo fresco y rosado
caía desde la comisura de los labios
y dibujaba el rastro de la infancia en los bosques

nos sentíamos ladrones de frutas consentidos,
libres y seguros en nuestro gesto en medio de aquel campo
– no como aquella vez,
¿recuerdas los naranjos del huerto tapiado? –

las manos y las lenguas
brillantes y pegajosas
parecían delatar un crimen
llenos y satisfechos hacíamos recuento
nos mirábamos regocijados
– ¿qué venía después? –

un pedazo de nosotros también
perdió sus frutos
al final de la temporada

María Pérez Cordero.

—Coge el pan y pon la mesa —dijo algún día mi padre.
Cojo el táper y enciendo el microondas.
El plato da vueltas y mi vida también:

los adultos son grandes y yo soy pequeña.

Todo lo precocinado
pierde sabor: las bromas, las verdades,
la pasta boloñesa.
Papá, ¿de dónde procede mi sangre?
¿Tuvo la cigüeña algo que ver con el parto?
¿Fui el triste regalo de un Happy meal sorpresa?
¿Limpiaré algún día el mantel sin que tus quejas me insten a ello?

—Algún día serás tan alta como yo —recuerdo que dijiste.
Los metros no lo quisieron así.
—Déjate de libros y ordena tu habitación —debí hacerte caso.
La mente sigue en desorden.
—Esta es la receta de tu abuela —muerta—, ¡no la olvides!
No recuerdo ni la receta ni a mi abuela —ya me gustaría a mí saber cocinar, ya me
gustaría que la familia se quisiera.
La mesa y yo sentimos tu peso.
Saco la pasta del microondas y meto dentro a mi abuela.
Olvidé mis apellidos y sacié mi hambre.
Lo peor es que nunca me dijiste aquello,
lo de coger pan. Nunca entendí por qué, pero la familia no comía con pan. Nunca
entendí por qué la familia no se quería.

«Comida precocinada» Paula Lupiáñez.

Y si hiberno todo el invierno,
¿qué te parece? Con la nariz enterrada
en el montón mullido de piel
que me protege por las noches y a veces mordisqueo
hasta que llego a hueso pulido
y me puedo enganchar.

Así me quedaré
durante las nevadas,
anclada a tu vértebra cervical

«Cabaña de invierno» María Alcaraz.

me voy a tatuar una casita azul para que vivan allí nuestros corazones
y en este mundo de relaciones intertextuales
esta casita será nuestra
nos hipotecaremos y pagaremos este pequeñísimo trozo de tierra
fetichizaremos un pedazo de cemento porque será plural
y lo plural es un lugar seguro
me voy a tatuar una casita azul porque el azul es el color del agua y el agua es dulce y salada y
podemos estar enamorados y seguramente no pero y si quizás y si sí y si se posara una mariposa en
tu brazo cuando estemos morreándonos en el césped del jardín? eh? y si le cantara una nana a tus
orejas blancas de niña?

«me voy a tatuar una casita azul…» Paula Escrig.

No.
No está desajustada la ventana;
La que está desquiciada es mi memoria
Ángel González

Ya no entra claridad por la ventana.
Tampoco las fachadas colindantes,
ni un azul −que no es azul−
sucedáneo de cielo.

Quizá me confunda
el velo de nostalgia que envuelve los parques
o las voces de los niños diluyéndose
en la ligera brevedad del día.

«Ya no entra claridad por la ventana» David Ferrez Gutiérrez.

piscinas de valium humedecen los cuerpos de las niñas
larvas se posan sobre nuestros pómulos y hacen el amor se divorcian
yo
– que no se atarme los cordones
que nunca vi puentes colgar de sus armaduras –
recojo las frambuesas antes de que el exceso acabe con ellas
y guardo las fotos
por si manchas de sangre apagan las luces o cortan la electricidad de nuestros corazones
y olvidamos
todas las veces en las que nos quisimos

«niñas se caen de los columpios y devoran el terciopelo» Guillermo Urquiza.

No, not comfortable but home
Gloria Anzaldúa

Con el último rayo del día
asoma en el horizonte la silueta
de una gasolinera

hemos llegado tan lejos
y tan solo
para volver sobre nuestros pasos
hemos encontrado lo que
no sabíamos que buscábamos
y hoy regresamos con las manos llenas
de respuestas vacías
pero un poco menos enfermos

me gustan las gasolineras porque
nadie viene para quedarse forty-one
dollars at number five son el símbolo
de todo lo que llega y todo lo que
se marcha i knew you would
come back menos este hombre
que aquí trabaja y cada día and i knew
you would still be here contempla
historias que se detienen fugazmente
frente a los surtidores

este hombre que aquí trabaja
ahora me está mirando y se imagina
los mundos que habré visto desde aquel
último amanecer que pasé por este sitio
hace 129 días

seguro se imagina una larga travesía
por inhóspitos pinares y arcedos
y por valles y montañas y lagos
congelados y por una interminable
carretera y por ciudades
de nombres sagrados que tan solo
ha visto en internet y por pieles
de cuerpos extraños y por otras
viejas gasolineras donde
nadie
llega para quedarse

ojalá habitar su fantasía
pero yo me quedo con estos
caminos de hierro con nombres de pájaro
y con el recuerdo de mi noble
s.t.a.r.c.a.r.
una flecha negra hacia la muerte
(oh a ti te deberemos nuestra apocalipsis)

no era mi intención
vomitar en verso libre sobre tus zapatos
pero no siempre controlo mi garganta
cerró los ojos antes de marcharse:
torres de espanto
y sin embargo

Con las primeras
sombras de la noche y con el viento frío
de una estación que ya no era la misma
tuvo la insoportable certidumbre
de que en el mundo no hay hogares

solo gasolineras

«s.t.a.r.c.a.r.» Javier Adrada de la Torre.

* Este poema forma parte de Gasolineras, obra ganadora del XXII Certamen Internacional de Poesía Joven ‘Martín García Ramos’ (organizado por el Ayuntamiento de Albox), cuya publicación está prevista para finales de año por la editorial Difácil.