Ocurre siempre, es siempre igual.
Habitar en lo que observas
termina en agotarse.

Por eso hoy —en esta playa— sabemos
que pronto deberemos abandonar
la quietud segura y caliente de la arena.
Dejar atrás el gesto
que señala el mar
y en la distancia que se abre
entre el pálpito y la boca,
le da un nombre que no necesita.

Al atardecer
—metidos ya en el agua—
nuevamente el pecho es frontera
entre los ojos que miran y la otra parte
del cuerpo sumergido
que desnudo desconoce.

Toda luz impone su secreto.

El sol desciende como un fósforo.
El mar es un espejo que nos arde.

«Umbral» Rubén Roca.

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al nacer mi madre me cogió del talón
me sumergió en sopa caliente
quedaron fuera
mi talón su                mano
mi boca llena de tierra


es cierto:
la semilla no germinó
a causa de la leche

                             ¿cuánto podré comer y beber de ti
                             hasta que el cuerpo se consuma desaparezca?
                             ¿cuándo me invadirá toda la luz
                             y quedaré protegida por el alimento?

quizá pronto
puedan nombrarme sin vergüenza

«una profecia» Rocío Simón.

 

 

a diario pienso en alimentar
a todos los hijos que no tendremos nunca
a las hijas que no tuve con mis amantes


quisiera besarte          mientras estrujo un puñado de fresas
alimentar con su jugo
a toda la infancia no nacida


                             ¿serás tú por fin mi único hijo?
                             ¿me dejarás alimentarte con la carne de todos los pecados?


primer plato:


                             ojalá besarte mientras meto
                             la mano en el cocido de mi madre


la restricción me ha hecho comerme a todos mis maridos
quisiera
                             un collar con los talones de todos mis amantes
                             engordar de un amor tan grande


dieta blanda para la purificación
tan felices qué alegres
forman un bodegón de muslos
se acarician con la suavidad
de la naturaleza muerta

«un bodegón vacío» Rocío Simón.

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Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero.
Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales
Blas Infante

Muere
muere un jornalero
.              (otro, otro)
tras un golpe de calor
y ser abandonado
en un centro sanitario.
Encomiéndate.
Encomiéndate a este suelo que trabajas,
pero nunca será tuyo.
Entrégale tu corazón
-alimento de fresas y aceitunas-,
riégalo con tu sangre.
Escoge una brizna de aire,
un soplo de fuego,
y ponte de rodillas.
A rezar, a morir,
pero de rodillas.

Mujer temporera
se convierte en esclava
esclava sexual
.              (otra, otra)
en los campos de Huelva.
Entrégate.
Entrega tus pies y tu vientre
y tu lengua, tus dientes.
Entrega tus caderas y tu sexo
al patrón a caballo
que va camino del Rocío.

Y tú, de rodillas.
Tú de rodillas:
a ser embestida,
a rezar o a morir,
pero de rodillas.

Baratísimo, niña,
el fresón y el tomate los tengo baratísimos. Solo cinco euros el kilo,
.              (Veinticuatro
.              euros el cuerpo
rojísimos
.              tostados de sangre y sol
y jugosos
.              se pudren en las semillas;
.              se te quedarán entre los dientes
.              y germinarán ahí
.              las vidas con las que se abonan).
¡Y por solo cinco,
.              (solo cinco)
solo cinco euros el kilo!

«Fresón de Huelva» Paula Melchor.

Todos los hombres que trabajan se parecen a mi padre.


Mi padre es un hombre común:
cincuenta años
dos hijas y una
mujer a la que besar por las mañanas.
Siete horas diarias de jornada laboral
y un campo al que volver
los fines de semana.
Mi padre
ha sido muchos hombres:
.              pintor albañil
.              electricista y panadero
ha tenido
muchas y variadas
formas de muerte laboral
.              [y ahora cuida de las flores.
Mi padre ha sido muchos hombres
hasta alcanzar la calma necesaria
para ser mi padre.

«Todos los hombres que trabajan» Paula Melchor.

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Es tu propia desnudez
Levítico 18:10

me ve desnuda: cierra su puerta


cerco erguido entre el cuerpo incapaz
de oponerse a la experiencia

y el cuerpo incapaz de perdonarlo

«Padre» Annie Costello.

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Mi madre vierte sobre el mueble de la cocina
veneno para hormigas


productos químicos letales en forma de
minúsculo arroz rosa

las hormigas acuden a él


se lo comen y al poco

caen rendidas


y acuden más


y más


todas se abalanzan sobre el festín
salvo una


hay una hormiga que carga con
uno de los granos


avanza en dirección contraria al resto
de vuelta a casa


el grano es más grande que ella pero
el esfuerzo no parece importarle


se aleja


un punto rosa sobre el mueble


quiero que mueran
todas salvo esa


qué estás haciendo?
me pregunta mi madre


le respondo
pensar en ti.

«Un punto» Manuel Mata.

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En la cinta está mi madre, su voz
me pide un beso
una mano de tamaño reducido al de ahora
abre el puño
deja caer las margaritas que había tardado en escoger
y corre hacia la boca
ahí pega su palma
hinca los dedos al azar
y siguiendo la trayectoria de un abanico que se abre apresuradamente
arroja todo su amor en el aire
En la cinta estoy yo
mi hijo también
no se oye mi voz
la suya tampoco
no hay campo
ni fiestas de gente de campo
ni olor a almendras garrapiñadas
la boca enmascarada
y no es Carnaval
el amor prohibido
el cuerpo constreñido
el algodón dulce sin hilar
la noria sin espectadores
la infancia diluida con gel hidroalcohólico
la limpieza sobre todo
sobre el juego
sobre el libro
por debajo de las pisadas…

…las magdalenas de Proust en una cinta que ya no graba nada.

«De cintas y magdalenas» Maria Pina Fersini.

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Un retrato de infancia
la inocencia a la izquierda
a la derecha paredes pintadas
GORA ETA! GORA EUSKADI ASKATUTA!
tan propio del lugar
como la amenaza cruel de tormenta


la única bomba que llegó a estallarme de cerca
en 2008
atentado contra Euskal Irrati Telebista
un golpe cristalino


mi ama llegó tarde a casa, mi aita no
quiso hablar del estruendo
los niños no comprenden la violencia

Markel Hernández.

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entre el dolor y la nada
elegí el dolor
Nacho Vegas

un sillón de mimbre
huele a todo lo que perdimos a los ocho
en la casa de mi abuela
hay una sala que recibe a las visitas
y no recuerdo verla:
cuando yo aparecí ya se había vaciado

ahora todo esto
el sillón la sala lo de antes
me amenaza como un escorzo
que cuando me doy la vuelta revela mi
innecesaria existencia

Pablo Bedía Sanjurjo.

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En el comedor duermen ratas,
enormes, hambrientas;
que fuman,
me llevan los cigarros
del bolso viejo que siempre cuelgo de la silla
que no es mía ni de ellas
sino del alquiler donde vivo.
Una renta
con ratas drogadictas que ríen,
me observan,
dejan bacterias en los vasos,
tienen sexo en el congelador.
Aprecian vivir aquí,
agradecen mi paciencia,
continúan durmiendo

 

«Ratas» Ernesto Naveda.

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Así, al terminar de comer, mis huesos hablan de no haber comido.
Ofrezco la cafetera al fuego,
 .                                                                                                      semilla líquida.


Una pantalla de luz y una imagen turquesa sobre un tiempo gris,
la gente se pregunta:
 .                                                                                                     ¿qué es el éxito?

He recogido los restos de café esparcidos en la mesa
y he pensado en los diez años que han pasado mientras limpiaba granitos de café
 .                                                                                                     esparcidos por las mesas.
Me he sentado durante diez minutos frente a diez años cansado.
Con las piernas cruzadas, ausentes, separadas del cuerpo
 .                                                                                                     -y quizá los párpados cerrados-,
ensoñado, de repente canta un pájaro
 .                                                                                                     -o quizá la cafetera silba-,
tal vez existan otras formas de ganarse la vida.

Alfredo F. Crespo.

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